CAROLL HORAS ANTES… —No tienes por qué venir —refuto, con la bilis subiendo por mi garganta. Me coloco el cinturón de seguridad, después de que me quitara las malditas llaves de las manos. Discutir con él hace que me desgaste, debido a que soy la única que habla, él solo se dedica a escuchar, asentir y a darme como respuesta a cada maldita cosa; su silencio. Así es Marvin. —No tenía nada más que hacer —miente. —Creí que ser la niñera de esa pequeña zorra, era tu trabajo —bufo, bajando la ventanilla del auto. —No soy su niñera. —No me interesa —encojo los hombros con desgana. —Necesito que me indiques por donde ir, qué camino tomar. —Eres inteligente, lo sabrás, el centro comercial se llama “Las Palmas” —musito por lo bajo. —Caroll —sentencia. —Pon el maldito GPS. —Cuida

