24.

2139 Palabras

Axel estaba nervioso, como hacía mucho tiempo no estaba, le temblaban las manos y le sudaba el cuerpo, aunque, dentro de la farmacia, hacia bastante frio. Si no estuviera así por su propia voluntad, hacía mucho rato que hubiera salido corriendo sin mirar atrás, pero ya había puesto la maquinaria en marcha y no había regreso. Era un día bastante descansado, ya eran pasadas las dos de la tarde y en la sala de espera no había ni un alma en pena, así que era la oportunidad perfecta. Había utilizado a una de las enfermeras como lechuza mensajera, y estaba de rodillas frente a una estantería esperando, quieto como un lobo al acecho, y cuando escuchó que los zapatos suabes de la doctora rechinaban por el corredor respiró profundo y liberó el aire lentamente. La puerta se abrió, y la cabellera ri

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