10.

2559 Palabras

Poco a poco los niños comenzaron a desaparecer con sus respectivas madres, que le daban la mano a Gabriel como gesto de bienvenida, o al menos la mayoría. El rumor de que era un vándalo debía de estar incluso hasta en las veredas, seguro Maoy recibiría algunas quejas al respecto, pero agradeció que no hicieran show tipo Rosa de Guadalupe y gritaran que un sicario o cosas por el estilo no iba a cuidar a sus hijos. Al final el salón fue quedando vacío hasta que solo quedaron Gabriel y Samuel. Se formó un silencio incomodo mientras recogían todos los juguetes y ponían en orden todo lo demás, luego Samuel se detuvo frente a la pared llena de dibujos. — Bien hecho — dijo. Gabriel levantó la cabeza de la lona donde estaba metiendo los cojines y se lo quedó mirando. —Gracias — susurró, casi seg

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