Dos meses atrás —Sabemos dónde están —dijo Darko—. Solo debemos atacar. Darko no permitiría que su hermana estuviera un día más con Daemon. Gracias a que todo el dinero de los rusos no estaba en manos de Even, y que en el bunker subterráneo donde se escondieron los perros, quedaba armamento militar y varios equipos de rastreo, Darko no cesó hasta encontrar la isla donde Daemon se escondía de todos. —Tiene su pequeño ejército, y por lo que sabemos, Etlana perdió la cabeza —dijo Rayner cuando se reunieron a idear un plan. —Es mi hermana de quien hablas —gruñó—. Cierra la puta boca. Rayner soltó el aire. En ocasiones olvidaba que hablaba con niños. Lo que Rayner hacía cuando se comportaban como niños, era complacerlos. —Tenemos marcas de calor en casi toda la mansión, y hay sensores

