Capitulo 39

1345 Palabras

P.O.V. Luccas — Londres, refugio de Whitechapel El aire del refugio tenía ese aroma a metal viejo y peligro latente. Las paredes susurraban nombres caídos, errores pasados y traiciones recientes. El mundo se volvía más oscuro a cada paso, pero esta guerra aún no había terminado. Y Tomás… seguía en pie. Lo vi junto al mapa, las manos apoyadas en la mesa, los ojos fijos en Europa como si pudiera desmenuzar el poder de Volkov con solo mirar. Pero él sabía que no bastaba con mirar. Había que atacar. —Fred solo fue una distracción —murmuré—. El verdadero movimiento siempre fue Berlín. Volkov nunca dejó de jugar. Solo esperaba que nosotros creyéramos que habíamos ganado. Tomás no respondió de inmediato. Su mandíbula se tensó. —Lo sabía —dijo al fin—. Desde el momento en que desapareció la

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