Amina
Mi cabeza se inclina hacia atrás para descansar sobre su hombro y empiezo a cerrar los ojos, pero Emiliano me pellizca rápidamente los pezones, haciéndome jadear y levantar la cabeza para encontrarme con sus ojos en el espejo.
—Así es, ten cuidado— me instruye acalorado.
—Observa cómo responde tu cuerpo. ¿Estás mojada? —
Asiento vacilante.
—Muéstrame—
Toma mi mano derecha y la guía hacia abajo, entre mis piernas. Las separa, desnudándome ante el espejo. Ante mis propios ojos fascinados. Emiliano empuja mi mano más profundamente entre mis muslos, hasta que las yemas de mis dedos rozan mi clítoris.
Gimoteo.
—Tócate— susurra, animándome. —Siente lo que siento cuando te toco, mira lo mojada que estas—
Ni siquiera puedo pensar en resistirme. Lo deseo demasiado. Me acaricio de nuevo, luego deslizo mis dedos más abajo, sumergiéndome en mi humedad. Emiliano gime. —Muéstrame— ordena, retirando mi mano. Mis dedos brillan en la tenue luz.
Emiliano toma mi muñeca y la guía hacia su boca. Me lame los dedos y me estremezco ante le gesto sucio.
—Tu turno— dice, y mis ojos se abren de sorpresa. Pero Emiliano ya está guiando mis dedos hacia mi boca. —Lámelos hasta limpiarlos— murmura presionándolos contra mi boca.
En una neblina de deseo, lo hago, emocionada por mi sabor saldo en la lengua.
—Buena chica. Ahora, termina lo que empezaste. Toca ese bonito coño para mí, excítate—
Estoy tan excitada que no necesito más instrucciones. Meto la mano entre mis muslos de nuevo y empiezo a jugar: rodeando mi clítoris con movimientos constantes y profundos que sé que me llevaran allí cada vez. No tardaré mucho, lo sé, con la mirada oscura de Emiliano fija en mi en el espejo, y sus manos moviéndose ahora para acariciar y pellizcar mis pechos, mi cuerpo ya está tenso y listo para romperse. La tensión s****l es espesa en el aire, y mi propio tacto envía un placer que se dispara desde mi centro hasta las puntas de los dedos de mis manos y pies. Mirar a Emiliano a los ojos mientras lo hago es lo más erótico que he experimentado, pero incluso mientras me retuerzo más fuerte, llegando más alto, la liberación sigue siendo esquiva, fuera de mi alcance.
Un gemido sale de mis labios y me retuerzo en sus brazos, desesperada.
—No…no puedo…— Sollozo, presionándome contra él.
—¿Qué necesitas? — La voz de Emiliano está cargada de satisfacción. —¿Qué quieres de mí? —
Me sonrojo. —Tus dedos— jadeo. —Por favor…dentro—
Emiliano deja escapar otro gemido bajo, empujando contra mi trasero mientras cubre mi mano con la suya, estirándome primero con un dedo grueso y luego con el siguiente, bombeándolos profundamente mientras mantengo mis propias embestidas en mi clítoris.
—Mierda…— mi retorcido grito de placer resuena en la casa silenciosa. —Ahí, justo así. ¡Oh, Dios! —
Las sensaciones son tan buenas que tengo que obligarme a no cerrar los ojos, pero quiero ver esto, la imagen de su mano y la mía trabajando juntas para volverme loca; nuestros ojos fijados en una intimidad impactante en el espejo.
—Así es, nena— gime, —Toma lo que necesitas. Tómalo hasta el final— Empuja sus dedos más rápido, y yo también acelero, igualando su ritmo mientras mi cuerpo se tensa…
Me corro con un grito, aferrándome a él para mantener el equilibrio mientras el placer me recorre. Mis piernas ceden, pero los fuertes brazos de Emiliano me sostienen, sus ojos aún fijos en los míos mientras las olas me atraviesan, los músculos de mi abdomen se tensa y se relaja una y otra vez, mi cuerpo se estremece en sus brazos.
Oh, Dios mío.
Me estremece la intensidad del orgasmo, lo conectados que estábamos. Todavía me estoy recuperando de todo mientras Emiliano saca una bata, me envuelve en ella y me lleva al diván de terciopelo. Se sienta, me atrae hacia su regazo y yo me derrumbo allí con gusto, respirando rápido.
Me acaricia el pelo suavemente. Sosteniéndome acurrucada contra él.
—Lo hiciste muy bien, mi Gorrión— susurra.
—Estoy orgulloso de ti—
Siento un extraño brillo de satisfacción ante sus elogios. Pero poco a poco, mis sentidos vuelven a mí, y me doy cuenta de que estoy aplastada entre sus brazos, con su polla presionada con fuerza contra mí. Me retuerzo contra ella, instintivamente, sintiendo los duros músculos de Emiliano tensarse.
Su tacto sigue siendo lento. Tranquilizador. Pero puedo oír su respiración entrecortada, como si anticipara algo más por venir.
Miro a la cama, preguntándome si va a tomar lo que quiere de mi ahora. Pero Emiliano sigue mi mirada.
—Todavía no— me tranquiliza. —Todavía tienes algunas cosas más que aprender antes de que te recompense con mi polla. Pero esta noche, has sido una chica tan buena para mi…— me levanta la cara para mirarlo y la lujuria brillando en sus ojos. —Te daré una probada, si quieres. ¿Te gustaría eso? —
Inhalo rápidamente, mi sangre corre más caliente. A pesar de las preguntas en mi mente, me encuentro asintiendo.
La expresión de Emiliano se oscurece. —Ponte de rodillas— me ordena.
Mi pulso se acelera. Me deslizo arrodillándome sobre la alfombra de felpa frente a él. Se desabrocha el cinturón y luego la cremallera, bajándose los pantalones para que su pene salte libre, una longitud gruesa y exigente.
—Mira lo que me has hecho— gruñe, y hay algo animal en su tono
—Mierda, Gorrión, me pones muy duro—
Estoy paralizada. Es enorme, sobresale entre nosotros, y apenas puedo imaginar cómo va a caber dentro de mí. Sin embargo, mi centro se aprieta de necesidad.
Extiendo la mano y lo toco, acariciando mi pulgar desde la raíz hasta la punta, donde hay gotas de presemen. —Eso es— gime Emiliano. —Moja tu mano. Ahora, abre esa bonita boca para mi—
Mi corazón late fuerte en mis oídos ahora, tan fuerte que lo ahoga todo. El mundo se ha contraído a solo este pequeño y seductor rincón: Yo aquí, obediente de rodillas, y Emiliano se alza sobre mí, apretando su pene con el puño y guiándolo hacia mis labios expectantes.
Bajo la cabeza, lamiéndolo tentativamente, luego abriéndolo más y llevándolo completamente dentro. Es tan grueso es un desafío, pero lo succiono hasta dónde llega, mi mano se mueve hacia la base de su pene mientras me ajusto a la intrusión carnosa. Todo esto es nuevo para mí, pero sigo mis instintos, haciendo lo que parece correcto mientras uso mi boca y lengua par a explorarlo, moviendo la cabeza hacia arriba y hacia abajo.
—Oh, Dios, justo así— gime Emiliano, y su evidente placer me envía otra emoción a través de mí. —Sigue, puedes tomarlo. Ábrete bien para mí. Eres mi chica buena—
Su elogio me hace sentir poderosa. Es embriagador, llena mi mente con un simple pensamiento. No, no es un pensamiento, es una necesidad: complacerlo, cueste lo que cueste.
No lo cuestiono. Al igual que en la fiesta de esta noche, me entrego por completo al instinto primitivo. Solo por este momento, nada más importa, y Dios, se siente tan liberador. Sin pasado, sin dolor, sin mentiras retorcidas; solo la polla de Emiliano y mi boca dispuesta, y los gemidos de satisfacción mientras sus manos se mueven para enredarse en mi cabello, animándome.
—Tómala, nena. Mas profundo. Hasta el fondo, mierda—
Su agarre se aprieta, casi doloroso, mientras embiste más profundo, garganta abajo. Me escuecen los ojos y empiezo a sentir arcadas por la espesa invasión, pero me mantiene inmóvil, sin interrumpir las embestidas ni un segundo, implacable y profunda.
—Respira, cariño. Puedes hacerlo. Así es— gime, mientras me ahogo, luchando por controlarlo. —Te estás atragantando mi polla tan bien. Una chica tan perfecta—
Dios. Gimo contra él, chupando y moviéndome más rápido, mojada y sucia y totalmente rendida a sus órdenes dominantes. Esta embistiendo dentro de mi boca, casi como un animal, y estoy temblando, resbaladiza entre mis muslos mientras lo tomo, cada centímetro con fuerza, hasta que finalmente Emiliano me aparta de él. Tiene los ojos desorbitados, en un frenesí mientras rasga mi bata y explota, liberando su clímax sobre mi pecho con un rugido gutural.
El líquido caliente salpica mis pechos, goteando sobre mí. Mierda.
Estoy aturdida por la fuerza animal de su clímax y débil de deseo, sabiendo que yo hice eso.
Hice que se corriera.
—Mierda, cariño, lo hiciste muy bien— gruñe Emiliano, atrayéndome a su regazo y untando el semen en mi piel. Me doy cuenta de que está escribiendo su nombre en su propia semilla.
Wilder.
El acto es lascivo y posesivo, y que Dios me ayude, lo deseo aún más por eso.
Me retuerzo un poco en su regazo y el me dedica una sonrisa cómplice.
—Quieres más, ¿verdad? —
No respondo, odiando que sea verdad. Parece demasiado satisfecha con ese conocimiento mientras se la vuelve a meter dentro de los pantalones.
—Bien. Entonces nuestra lección esta completa—
Se pone de pie, dejándome sobre mis piernas temblorosas.
—Pero ¿Por qué? — logro preguntar, sin aliento y mareada por el anhelo.
—Porque de hora en adelante, cada vez que te toques, solo pensaras en mi— dice Emiliano, con los ojos brillando de victoria. —Son mis manos las que anhelas en tu cuerpo. Mi boca, volviéndote loca. Y ahora será mi polla con la que soñarás, ansiando que te llene por completo. Desde ahora mi nombre esta marcado en tu piel—
Reclama mis labios en un beso fuerte y profundo; su lengua se hunde profundamente, hasta que jadeo.
Un beso de posesión.
Luego se va, cerrando la puerta tras él, dejándome débil de deseo.
Y cubierta con su marca.