—¿Por qué estás tan desconectada? —su pregunta me hace parpadear—. Sé que te he dejado agotada, pero no es para que te quedes taciturna, Darling. Boca abajo, con mi cabeza posada en mis brazos admirando su preciosa cara, me rio con ganas ante la modestia de este Ñoño. —¿Acaso no estás agotada? —niego, mordiéndome el labio inferior, causando que la impresión se refleje en su rostro, así como la diversión—. Eres una insaciable… —Es tu culpa —hablo al fin con mi voz ronca debido al adormecimiento que siento—. Me reventaste cada átomo de mi cuerpo y ahora quiero más fusión. —Oh, vaya… —dice en tono divertido apartando un mechón de cabello hasta llevarlo detrás de mi oreja—. Ya estamos haciendo chistes de nerd otra vez. —¿Los extrañabas? —Extrañaba más corregirte. —Enseñarme —replico—. T

