Abro mis ojos al mismo tiempo que dejo salir un bostezo bastante cargado de flojera. No sé qué hora es, lo único que sé, es que tengo hambre y que debo de alistarme para bajar a buscar a mi esposo. Mientras estiro mi cuerpo, recuero el sueño que tuve. Fue extraño, demasiado confuso. En un momento estaba llorando y luego en el otro, gritando desesperada. No soy supersticiosa, pero las sensaciones que ese sueño me causó fueron demasiado reales y desesperantes. Creo que mi cerebro está demasiado alterado y nada que un buen baño no repare. O relaje. Rápidamente, me levanto de la cama, fijo mis ojos en la maleta que dejé abierta y un poco desordenada y sin perder tiempo, comienzo a buscar algo que usar. Me rasco la cabeza al ver el outfit que he escogido. Sé que soy modelo, sé que soy elega

