A ti te espero en mi habitación. Se repiten esas palabras una y otra vez como disco rayado mientras me quedo aún el mismo lugar, quieta, sin reaccionar. Sé que mis padres están detrás, sé que están esperando a que les dé la cara y sé que debo de hacerlo, pero esas palabras, esas malditas y dulces palabras soltadas en una amenaza tan educada y peligrosa a la vez, me dejaron mal. Conozco a Stephan. Él es la clase de hombre que sabe cómo controlar sus demonios y que si los deja salir, es porque realmente está hasta el tope en su medidor de cabrero. Lo hizo con Eros. Los golpes que tiene no se comparan con los que le soltó a mi gemelo y ahora recuerdo cómo le respondí a mi hermano y me siento fatal. Él me defendió bajo esa complicidad que tenemos como hermanos, recibió la paliza de Stephan

