Capitulo 74

1353 Palabras

Había metido sus dedos en ella, no solo uno, sino muchos, en su humedad abierta. Alina había llegado al punto de ser como una felina en celo. Inmune a todo, salvo a la saciedad del deseo ardiente que él no concedía. Emitía pequeños y inhumanos gemidos de súplica, y él solo la enardecía aún más. La apartó de su regazo y se quedó allí como si fuera un simple insecto. Ella, sentada en la alfombra, lo miró con lástima. Solo tenía ojos para mí; me sentí cohibida y asustada. Era tan alto que se quitó lentamente el cinturón que ceñía su ancha cintura, que se deslizó hasta el suelo con la sinuosidad de una serpiente, y se quitó los polvorientos pantalones de trabajo. Nunca usaba ropa interior debajo. No podía apartar la vista de su mirada cautivadora. Puede que Alina estuviera presente, pero en r

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