Me quedé junto a la puerta, sin saber qué hacer. Se giró para mirarme con los ojos inyectados en sangre, ¿o acaso me atravesó? "No dejaré que me lleves", dijo rotundamente. Su voz era baja, áspera y amenazante. Miraba por encima de mi hombro a un enemigo imaginario. Salió lentamente del baño y se quedó mirando a mi alrededor, sin que yo pudiera ver nada; solo llevaba puestos sus vaqueros azules. Le colgaban sueltos de la cintura. Seguía estando decididamente inestable. Lo toqué, dio un salto y se giró bruscamente, con sus ojos verdes mirándome fijamente en un gesto desafiante. Me acobardé; parecía que no sabía que era yo. "No volveré a ir allí, moriré primero", gruñó, avanzando hacia mí mientras yo retrocedía. Parecía un animal salvaje, un león acorralado, listo para arremeter con furi

