Capítulo 79. Narrador omnisciente: La oficina estaba en penumbras, iluminada solo por la luz blanca que entraba desde la calle a través de los ventanales. Eran casi las once de la noche, y el edificio llevaba horas en silencio. El personal había salido temprano, exhausto después de la jornada de crisis. María y Fernando habían insistido en quedarse, pero Gabriela fue tajante: necesitaban descansar si querían estar lúcidos al día siguiente. Ellos aceptaron a regañadientes, prometiendo volver al amanecer. Gabriela, en cambio, no había podido abandonar el lugar. Sentía que irse a casa en ese momento era un riesgo, una señal de debilidad. Además, la oficina estaba equipada con todo lo que necesitaba para cuidar de Adrián, a quien había traído con ella. No confiaba en dejarlo en manos de nad

