Su sonrisa se fue borrando poco a poco de sus labios, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Yo tuve que recordarme una y otra vez, las promesas que me hice, de ser solo un amigo, para no besarla como deseaba, mientras pasaba mis manos acariciando su mejilla. El abogado había llegado por nosotros y luego de arreglar todo nos fuimos de allí. Al llegar a casa, ella me dijo que podía irme que estaría bien. Pero yo me quedé. Se sentó frente a mí y conversando me dijo que, tal vez había actuado mal inconscientemente, haciendo creer al mal nacido aquel, que podría haber algo entre ellos. Pero que esa nunca fue su intención. Y me aseguró que ni siquiera lo había besado. Que no dejó de frecuentar a Julia la contratada, porque era lo más cercano que tenía en estos momentos a una amiga. Q

