Llegamos desesperados a la habitación. Nos desvestimos estando todavía en la puerta. Y no llegamos ni a la cama. Luego ella fue al baño y supe que se estaba duchando porque sentí el agua caer. Esperé hasta que salió y entonces entré yo. Necesitaba una buena ducha, después de los baños improvisados que tuve en los días que pasé en su casa. Demoré casi media hora. Cuando salí envuelto en la toalla, porque ella siempre se ponía mi bata de baño, la traviesa me estaba esperando. Se acercó a mí, desnuda. Aflojó la toalla envuelta en mi cintura, dejándola caer y mirándome a los ojos. Pasó su mano en una suave carica, desde donde desató la toalla, bajando suavemente, sin dejar de mirarme, hasta mi entre pierna. Aunque me gustó lo que hacía, estaba asombrado por su forma inusual de actuar. Tími

