La música llenaba el gran salón con melodías que hacían que todos quisieran bailar. Después de las presentaciones de baile de Shiloh y Elia, que habían dejado a todos los invitados impresionados con su gracia y sincronización, la reina Brielle había anunciado que el resto de la noche sería para que todos disfrutaran en libertad. Las mesas permanecían dispuestas con comida y bebida abundante, pero el verdadero espectáculo estaba en el centro del salón donde las parejas comenzaban a reunirse para bailar. Los nobles de los reinos conquistados y aliados se mezclaban con la aristocracia de Pyrion. Las risas se entrelazaban con las conversaciones diplomáticas, estableciendo esa atmósfera peculiar de las fiestas reales donde el placer y la política bailaban juntos de forma inseparable, es decir,

