Asher había estado fingiendo prestar atención a la conversación de los nobles de uno de los reinos conquistados durante los últimos quince minutos. Asentía en los momentos apropiados, sonreía cuando era necesario, y decía las palabras correctas para mantener las apariencias diplomáticas. Pero su atención real estaba a varios metros de distancia, en una mesa donde cinco refugiados permanecían sentados bebiendo y comiendo, aparentemente despreocupados. O más específico aun, en una pelirroja pecosa que bebía vino con una expresión pensativa mientras sus hermanos conversaban a su alrededor. Miriam. La espía del Señor del Invierno Eterno que creía que su tapadera funcionaba a la perfección, pero que no engañaba a ninguno de los tres príncipes varones de Pyrion. Asher la había estado observa

