No pasó mucho tiempo cuando los sirvientes comenzaron a entrar con las bandejas de comida, de inmediato, se sintió el aroma de carnes asadas, vegetales especiados y pan recién horneado llenando el espacio. La conversación en la mesa se elevó en volumen mientras todos comentaban sobre los eventos del día, con risas y exclamaciones mezclándose con el tintineo de cubiertos contra platos. Fue entonces cuando David entró al comedor, y todos los ojos se volvieron hacia él. El príncipe caminaba con esa gracia natural que lo caracterizaba, con su cabello oscuro todavía húmedo del baño cayendo sobre sus hombros. Llevaba una túnica verde oscuro que hacía juego con sus ojos, y había una sonrisa en sus labios que mostraba su buen humor. Pero lo que capturó la atención de todos no fue David en sí, si

