No mucho después de que Rose se sentara en su oficina, una conmoción estalló en el primer piso. El asistente abrió rápidamente la puerta y entró corriendo. —¡Directora, pasó algo malo! Rose alzó una ceja, calmada. —¿Qué pasó? —Un hombre ha venido a buscarla —dijo el asistente, nervioso—. ¡Su actitud es arrogante y violenta! El gerente Roca intentó detenerlo, pero estuvo a punto de irrumpir. El ceño de Rose se frunció de inmediato. Se levantó y bajó las escaleras sin dudarlo. Clarisa, habiendo escuchado la noticia, la siguió apresuradamente. En el primer piso. Tan pronto como Rose salió del ascensor, escuchó una voz arrogante que resonaba por todo el vestíbulo: —¿Cómo te atreves a detenerme? ¿Sabes quién soy? ¡Podría comprar este edificio en minutos y despedirlos a todos! ¡Dime d

