Poco después, el silencio fuera de la puerta era absoluto. Parecía que la familia Hamilton se había ido. Tras su partida, Saúl, con el rostro lívido, se apresuró a buscar al médico. Cuando Isabel vio que habían regresado, pensó que las cosas ya estaban hechas, pero jamás imaginó que los habrían ahuyentado. Sin embargo, Bianca y Walter aún no tenían intención de dejar pasar las cosas y continuaban criticando a Rose de manera implacable. El rostro de Henry estaba pálido, y su vergüenza era evidente. Fue entonces cuando, a pesar de todo, los pocos de ellos volvieron a pelear. ¡Parecía que no se rendirían jamás! —¡Basta! —exclamó Adela—. Puedes amenazar a la policía con arrestar a Rose sin pruebas, pero dependerá de ellos si están dispuestos a escucharte. Un pesado silencio se apoderó de la

