El lunes regresó tan insolente como de costumbre, ajeno a los escombros del terremoto del fin de semana, imponiendo sus tiempos y sus quehaceres cotidianos, ignorando la devastación que el cuerpo de Dolores había sufrido. Todavía intentaba perdonarse a sí misma, intentaba ser piadosa, pero no lograba hacerlo. ¿qué había creído? Los finales felices no existían, los amores verdaderos, los encuentros reveladores, los para siempre eran una creación de los escritores para vender libros. No eran posibles y si lo eran, no estaban hechos para ella. Intentó ocultar las ojeras de su falta de sueño con un tenue maquillaje y se visitó con la premisa de mostrarse entera. No sabía siquiera si iba a cruzarlo, pero de hacerlo, no quería que viera sus heridas. Se sorprendió de lo rápido que había reg

