⋘FABIO⋙ Nos despedimos de Bernardo y volvemos a casa. El trayecto es silencioso. Hay tantas cosas que deseo expresar, pero ninguna palabra abandona mis labios. Ni siquiera sé qué decirle. Tantas veces le he prometido cuidarla y protegerla; sin embargo, lo único que hice fue llevarla a la cueva del lobo. Es mi culpa por no haberme fijado en las malditas letras pequeñas del contrato. Me dejé deslumbrar, emocionado por tener a Astrid a mi lado durante un año. Fui egoísta, y estas son las consecuencias. En primer lugar, no debí traerla a Brasil; ese fue mi primer gran error. —Lo siento —susurra Astrid, rompiendo la línea de mis pensamientos. Detengo el auto y bajo rápidamente para abrir su puerta. ¿Qué puedo responderle si la culpa es mía? Caminamos hasta el ascensor sin decir nada, cada

