*** El olor a uvas y lluvia, fue lo primero que percibí cuando las gotas pinchaban ruidosamente contra el cristal de la ventana. Tuve que encogerme dentro de las sabanas y temblé en el proceso. Hacía mucho frio aquella mañana, y, mi cuerpo parecía haber sido aplastado por una enorme pared de ladrillos. Salí de la cama con cautela y me encontré encogiéndome ante el suelo frio de madera. Unas hermosas rosas blancas lucían en la pequeña mesa de noche junto a la cama, no pude resistirme a tomar el ramo entre mis manos e inhalar el olor tan particular de primavera. La ducha era un enorme lugar cuando la inspeccione. Cuando Mauricio dijo que no nos quedaríamos en un hotel, me sorprendí. No contaba

