Luego de lograr calmar a Carlitos, Daniela se disculpa con Arthur el nuevo medico de la casa hogar: —Lamento mucho que todo haya salido así, él a veces se ofusca mucho con personas que no conoce, bueno creo que la madre superiora ya le había comentado—. Arthur le sonríe tiernamente, comienza a hacer algo con sus manos y un pedazo de papel. Al terminar es un avión muy bonito, comienza a lanzarlo y Carlitos sonríe. Daniela siente algo que nunca pensó volver a experimentar. Luego de ver el cambio de actitud de Carlitos comenta:
—Peque, que mentirosa son tu mamá y la madre superiora, si tu eres un niño a todo dar. Choque ese puñito—. El niño responde al saludo afectuoso de Arthur, toma el avión de papel y se concentra fijamente en él. Daniela le da las gracias y Arthur le responde: —Eres muy bendecida al tener un pequeño tan inteligente como hijo, sabes tengo muchos años trabajando con niños superdotados, porque los niños con la condición de Carlitos tiene una inteligencia impresionante—.
Daniela responde: —Doctor a mi me ha costado mucho a su condición, le aseguro que no ha sido nada fácil para mí, pero mi amor por él sobre pasa cualquier muro, es más yo por él daría todo, mi vida si fuera necesario, no me imagino en un mundo donde no pueda ver sus ojos distantes, pero hermosos, y escuchar todas esas preguntas que me hace, y de las cuáles no tengo muchas veces idea que responder—. Arthur responde:
—Según me he dado cuenta la mayoría de niños que están aquí, o no tienen papás, o sus papás no tiene recursos para cubrir sus tratamientos, y es más fácil colaborar con los que puedan y aquí las hermanas los atienden muy bien, además de nosotros que cubrimos con todo el amor del mundo sus consultas, pero cuéntame ¿Ese es tu caso? ¿El papá de Carlitos? —.
Daniela se siente un poco incomoda con esas preguntas, pero comprende que es algo habitual, que él medico de la fundación, quiera conocer sobre el entorno de Carlitos, sobre todo luego de la actitud defensiva de él. Luego de ver el cambio de actitud de Daniela, Arthur retira lo dicho. . —Me disculpo señora Daniela, me estoy pasando de inoportuno, e imprudente, pero me causo curiosidad, claro es más que obvio que usted no está en la obligación de responder nada—. Daniela lo interrumpe y le comenta:
—La verdad no me gusta hablar del caso, no es fácil para mí, pero ya todos aquí lo saben. Así que no veo problema en que usted también lo sepa, yo soy una enfermera que trabajo de interna cuidando pacientes en horas de las noche, y muchas veces de día, por esa razón vengo solo a visitar a mi pequeño, y en cuanto al papá, él nunca ha estado para nosotros, yo quede embarazada de él cuando los dos éramos aún adolescentes, y desde ese momento él se desentendió de mi hijo—.