La mirada horrorizada de Adrián se fija en mí con insistencia, una insistencia que no se despega por nada del mundo. Una en la que tampoco hablo o respiro. Sé que ahí viene una pelea grande, por bocón, por desesperado, por todo. —¿Estás con Jazmín? — susurra iracundo. Yo trago mucha saliva y voy con ello, con la verdad que no debía temer decir más. —Sí, somos novios. ¿No lo sabías? — vuelvo a tragar — por tu reacción he de suponer que no, pero déjame explicarte que es más simple de lo que estás pensan- —¡CÓMO IBA A ADIVINAR QUE ESTÁS SALIENDO CON JAZMÍN CUANDO TUS ADANZAS CON ELLA FUERON LAS QUE INICIARON CON TODO! — me grita y se levanta de su asiento golpeando su escritorio. Me encojo de forma involuntaria y sigo tragando como un maniático. —¿Te podrías calmar? — le pido. Adrián

