Capítulo 24-Malcolm

977 Palabras
"¡La maldita hemorragia no se detiene, maldita sea!" Escupí mientras el agua continuaba cambiando de color. "¡Maldita sea!" Tendré que ir a la enfermería, en mi mente parecía ser sencillo de hacerlo pero mi suerte sigue siendo una mierda, salgo del baño, lo primero que veo es al director. Frunzo el ceño con irritación. "Jovencito, te he estado buscando", dice, fijando sus fríos ojos en mí. ¿Cree que le tengo miedo? Dos golpes y definitivamente lloraría. Me muerdo la lengua para no decir demasiado. "Estoy ocupado", anuncio, alejándome de él, pero me agarra del brazo. Controlo mi impulso de darle un buen puñetazo. Mira mi brazo y sus ojos se abren como platos. "¿Por qué sangra tu mano?" pregunta, soltándome. "¿Qué pasa? Intenté preguntarle a Conrad, que es un cobarde que solo sabe trucos sucios". "¿Cómo puedes hablar así de tu compañero de estudios?" "¡Hah! ¿Crees que somos niños? Puedo distinguir muy bien a los cobardes", respondo, encontrándome cara a cara con él. "Normalmente les rompo las piernas", su rostro palidece, "así que aunque no lo consideres, tuve especial respeto por la universidad porque no tiene idea de cómo podría haber terminado esto". Aprieta inconscientemente la mandíbula, resaltando un poco su arrogancia. Se limpia con indiferencia la sangre que sigue goteo de mi mano. El director retrocede, y en ese momento capturo claramente el mensaje que su rostro transmite: "Eres terrible". Una sonrisa maliciosa se dibuja en mis labios mientras mis ojos brillan con una chispa desafiante. "¿Alguna otra pregunta?", inquiero con desdén, disfrutando de la incomodidad que mi presencia provoca en el director. Él me examina detenidamente antes de recuperar su compostura. Asume nuevamente su posición y responde con voz firme: "Sí, tengo muchas preguntas que tendrás que responder en mi oficina". El director afloja la tensión de sus músculos faciales y se relaja visiblemente. Aunque intenta ocultarlo, su impaciencia y disgusto son evidentes. "De acuerdo, vamos", acepto con indiferencia, sabiendo que tengo la situación bajo control. "Pero después de que me ocupe de un asunto", le advierto. Este hombre posee un temperamento irritable, pero a fin de cuentas, sigue siendo un cobarde. Asiente con una sonrisa rígida. "Bueno, no tardes mucho, porque necesitamos aclarar el incidente que ocurrió en el salón de clases y el video que subiste al campus", ordena con cierta urgencia. "Director, no me gusta perder el tiempo, y si me convoca solo para eso, es algo que puedo aclarar ahora mismo", chasqueo la lengua, "tengo un contrato firmado..." En ese preciso momento, Bárbara irrumpe en la conversación, gritando a todo pulmón. "¡No puedes decirlo, Malcolm!". Mi expresión se torna fría y despectiva. "¿Por qué no lo diría? Ya rompiste el acuerdo, así que, ¿por qué debería respetarlo? Cuando ustedes dos, hermanos basura, no lo hicieron". Bárbara comienza a llorar y el director se acerca rápidamente para intentar consolarla. Los miro con desdén, viéndolos como un par de payasos patéticos. "Malcolm, no deberías tratar a una dama así", dice el director en un intento de demostrar su valía. "¿Dama? ¿Dónde está ella? No veo ninguna. Simplemente veo a una acosadora trastornada", respondo con desprecio, dejando en claro mi falta de consideración hacia ella. "¿Cómo puedes decir eso después de que te di todo mi amor?" Bárbara se queja, hace gestos extraños con las manos y finalmente se sienta en el suelo, llorando más fuerte. "Como caballero, no deberías comportarte así...", intenta el director intervenir, buscando apelar a mi supuesta cortesía. "Corten el acto, mi paciencia se ha agotado. A ninguno de ustedes les gustaría verme enojado, ¿verdad?", respondo con una calidez fingida. Sin embargo, en mi interior, la ira sigue creciendo. Dicen que la calma viene antes de la tormenta, y en mi caso, esa calma se ve manchada por mi risa molesta. Mientras observo al director, noto cómo sus piernas amenazan con ceder bajo la presión, y Bárbara detiene su dramática actuación. "Director, cambié de opinión. No pretendo perder el tiempo con explicaciones inútiles. Le enviaré un correo electrónico a su bandeja de entrada junto con el contrato. Cuando lo vea, comprenderá más de una cosa y no se deje engañar más por una neurótica", enfatizo mis palabras, dirigiendo una mirada llena de desprecio hacia Bárbara. Ella parece querer refutar mis palabras, pero no tiene el coraje suficiente para hacerlo. La cobardía se refleja en sus ojos mientras se mantiene en silencio. Llego a la enfermería y me detengo en la puerta, incapaz de apartar la mirada de ella. Cristina yace en la cama, con una bolsa intravenosa conectada a su brazo. El viento frío se cuela por la ventana, haciendo que mechones de su cabello acaricien juguetonamente la comisura de sus labios. Siento un nudo en la garganta y recupero rápidamente la compostura. Es importante que la cubra o podría resfriarse. Pero antes de acercarme, noto una mano extendiendo suavemente la manta sobre ella. ¿Es Bruno? De repente, la realidad se estrella contra mí. ¡Soy tan estúpido! Aquí estoy, preocupándome por Cristina, mientras ella está ocupada con otro hombre. Furioso, cierro la puerta de un portazo. La ira aprieta mi pecho, y siento la urgencia de escapar de este maldito lugar antes de hacer algo de lo que me arrepienta. Llego al estacionamiento y subo a mi motocicleta, pero mi visión se vuelve borrosa por un momento. Necesito alejarme de aquí lo más rápido posible. **** Malcolm no se dio cuenta de que había mujeres observando su partida, y todas compartían el mismo pensamiento: es un hombre guapo y agresivo. Parado junto a su motocicleta, parecía un poderoso rey. Su belleza deslumbrante hacía latir salvajemente los corazones de todas ellas. Todas compartían el mismo deseo irrefrenable: caer rendidas a sus pies.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR