Capítulo 15-Cristina

1180 Palabras
Permanezco estática frente a la puerta, tratando de mantenerme firme. Debo hacerlo por mí y por ti, frijolito. Esta será la última vez que me encuentre aquí, al menos eso espero. No quiero volver jamás a este lugar, en W70th St 802. "¡Cristina, mujer, golpea de una maldita vez!" exclama Pamela, impaciente. "Pamela, no me grites al oído", le recuerdo, fijando mis ojos en los de ella para transmitir un mensaje claro. Ella resopla, molesta por mi respuesta. "¡Si quieres que nos quedemos aquí hasta que echemos raíces, lo haremos!" dice ella sarcásticamente. "Siempre tan encantadora, tú", comento, extendiendo mi mano para acariciar su cabello. "¿Es suave?" ella pregunta con orgullo. "Sí", respondo, mientras paso mis dedos por mi propio cabello y luego hago lo mismo con el de ella. "El tuyo se ve horrible..." "¡Eso ya lo sé, Pamela Soldati!" "Oye, no te enojes conmigo. ¡No quisiste ir conmigo al estilista porque estabas durmiendo!" "¡Cállate, que voy a golpear la puerta!", ordeno, golpeándola con ira. Todo esto es por tu culpa, pienso mientras observo mi abdomen. Por tu culpa, me convertiré en un oso gordo y dormilón. Cuando salgas, arreglaremos cuentas. En ese momento, Francisco abre la puerta y nos mira. Sus ojos se fijan en mí, creando una situación incómoda. No se mueve de la puerta, como si estuviera en estado de shock. "Muévete", grita Pamela, caminando hacia adelante y empujándolo hacia el costado. En ese momento, siento un amor profundo por la loca. Admiro su valentía y determinación. Ignoro la mirada de Francisco y sigo los pasos de mi querida amiga. "¿Qué debemos empacar?" Pregunto Pamela, tratando de cambiar la atmósfera tensa. "Todo lo que quepa..." Hago una pausa y abro el armario, "... tres maletas". "Cristina, en casa tenía más maletas", me recuerda Pamela. "Demasiado tarde entonces," me encogí de hombros. Ella me da un zape juguetón y toma la maleta más grande. Comienza a guardar cosas mientras canta, transformando la situación triste en algo más cálido. Sonrío mientras la observo. "Cristina, no soy tu sirvienta, ¡muévete ya!" grita, lanzándome un sexy vestido verde. "¿De dónde vino esta belleza?" Pregunto emocionada, colocándolo sobre mí. Me encanta lo que veo en el espejo. "Ni idea, pero empácalo". "¡Sí!" Afirmo felizmente. Cuando terminamos de llenar las maletas, nos damos cuenta que la gris no cierra. "¿Qué hacemos?", suspiro al igual que Pamela, pensando que debemos sacar algo de ropa. "Pretenderé que no escuché eso", responde mi amiga mientras se aleja y corre hacia mí. Por reflejo, me agarro el abdomen y doy un paso atrás. Se arroja sobre la maleta, ejerciendo fuerza para cerrarla. "¡Vale, vale, muévete, Cristina, cierra!" "Estoy en ello." Finalmente, me desplomo en mi cama y siento que el colchón se hunde en la dirección opuesta. “Somos un asco haciendo ejercicio”, comenta Pamela. "¡Sí!" Respondo, compartiendo su sentimiento. Ella rueda los ojos con diversión. "¡Cristina, papá te está llamando, ve a su despacho!" grita mi irritante hermanastra Natali. "Me ofrecería para golpearlo, pero no puedo moverme en este momento". "Solo descansa, volveré". "Está bien." Arrastré mi cuerpo cansado hasta la puerta. Natali ya se fue. Es hora de poner fin a todo esto. Nerviosa, camino hacia el estudio, pero antes de llamar a la puerta, fuerzo una sonrisa en mi rostro. "Adelante", la voz de mi padre resuena desde adentro. Cuando entro, lo primero que veo es a mi querida madrastra, noten el sarcasmo en mis palabras. Ella sonríe feliz, aferrándose triunfalmente al brazo de mi padre. "Fírmalo", ordena mi padre, arrojándome tres contratos. Sin decir una palabra, los tomo entre mis manos. "¿Eres sorda? Mi esposo te dijo que los firmaras". "¡Ja! Si sigues hablando, no firmaré nada, pedazo de bruja, y no podrás conseguir absolutamente nada", respondo con desdén. Se calla, molesta, y mi padre le ruega que se calme. "Firmaré estos dos, pero ni siquiera sueñes con este", me burlo, señalando uno de los contratos. "¿No odiabas ser mi hija?" mi padre pregunta irritado. “Sí, pero eso no significa que te permitiré difamar la memoria de mi madre. Si quieres reconocer a tu hija Natali, adelante, pero será por lo que es: una hija ilegítima…” No llego a terminar de hablar cuando siento un fuerte tirón en mi cabello. "¡Perra!" Natali grita histéricamente, lanzándose hacia mí. En respuesta, también agarro su cabello. ¿De dónde vino toda esta ira? "¡Maldita mocosa, suelta a mi hija!" exclama la bruja, uniéndose a la pelea. Ella me empuja, y golpeo mi espalda contra la pared. Siento una punzada en el abdomen, pero no me detengo y le doy un buen puñetazo al ojo de Natali, tirándola al suelo. Su madre cae al suelo llorando, abrazando a su hija. "¡Por qué no moriste, maldito estorbo! Si lastimaste a mi hija, lo pagarás caro". Ignoro sus amenazas y, con dificultad, giro mi cuerpo para enfrentar a mi supuesto padre. "Entrega las llaves y la documentación ahora mismo, o destruiré todo esto y nos veremos en la corte, donde derramaré toda tu mierda y perderás tu preciada reputación, al igual que tu familia basura". Él sonríe y tira todo al suelo. En respuesta, lanzo los contratos que tengo en la mano y él hace una mueca. Tomo los artículos con dificultad, me duele, pero me mantengo erguido. Cuando salgo del estudio, me encuentro con Pamela. "¿Qué pasó?" dice, apoyándome mientras me ve. Trato de hablar, pero solo sale un gemido de mi boca. "¡Cristina!" "Sácame de aquí, por favor". Mi amiga no duda y, con dificultad, logramos llegar abajo. Francisco me mira con dolor, pero no digo una palabra. Mi prioridad es mi bebé. Al salir, Bruno corre hacia nosotras, visiblemente preocupado. "¿Qué pasó?" pregunta ansioso al vernos. Antes de que Pamela tenga la oportunidad de responder, hablo. "¡Tengo miedo! No quiero perderlo. No puedo permitirme perder lo último que tengo. Necesito... nee... un hospital, por favor". Tomo mi abdomen y Bruno extiende sus brazos para envolverme en ellos, claramente confundido, pero le tira las llaves a Pamela. Sé que no entienden completamente lo que estoy tratando de decir, pero no dudan de mí. Pamela se apresura al asiento del conductor, mientras Bruno, con sumo cuidado, se acomoda en el asiento trasero y me acaricia la espalda. "¡Todo estará bien!" , dice Bruno, exaltado y nervioso. no respondo Cierro los ojos y en lo más profundo solo puedo rogar: "Dios, si estás ahí y tu existencia es real, por favor protege a mi bebé". Las lágrimas se deslizan por mis mejillas, Bruno me abraza con fuerza, me aferró a sus brazos. Solo deseo que mi bebé esté a salvo. Perdóname, no valgo nada. No puedo protegerme ni protegerte a ti. No sé si puedo mantenernos con vida. "Ah... Mamá... Ayuda..." un gemido de dolor escapa.
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