"¿De verdad crees en los finales felices?" mi hijo pregunta. Mi boca se tuerce. "¿Tengo que responder?" Pregunto, esperando que mi hijo diga que no. "Por supuesto que tienes que responder. ¿Por qué preguntaría si no quisiera que respondieras?" comenta pacientemente. "Son las 10 p.m. ¿No deberías estar durmiendo?" "No dormiré hasta que me respondas", exige el hombrecito. Levanta una ceja. "¿Por supuesto que sí?" "No me agradan las personas que mienten", responde molesto. "¿Puedo preguntar por qué no me crees?" “Es como querer llorar pero no llorar. Es raro porque los hombres adultos no lloran”, intenta explicar mi hijo estrechándole las manos. "¿Crees que no existe?" "¿El felices para siempre?" "Sí." "Es difícil de decir..." "No es difícil. Mi padrino dijo que si luchas mu

