Capítulo 12- Cristina

1228 Palabras
Bruno, eres un inútil, y lo maldigo por séptima vez en mi mente. Cuando abrió los ojos, fue expulsado de la sala. ¿Cómo es posible que alguien sea sacado de su propia sala? Es fácil, solo necesitas a una Pamela muy enfadada y una cuchara que, en sus manos, se convierte en un objeto altamente peligroso. ¡Esta mujer asusta a cualquiera! "¡Cris!" me llama felizmente, con una gran sonrisa en su rostro. Al verla, siento la necesidad de salir corriendo, pero no estoy segura de cómo reaccionará esta demente si lo hago. No tengo opción, debo mantener la calma. Bajo la mirada y observo mi abdomen. Solo somos tú y yo. Tu tío Bruno no sirve para nada. Recuerda que Pamela es la que manda. No le creas ninguna palabra a ese embustero. "¡Cristina!" grita. "¡Ya, Pamela! Baja esa cuchara, por el amor de Dios", le suplico. "No quiero", responde como una niña pequeña, y no tengo opción. Me acerco a la maniática y le arrebato la cuchara, colocándola lejos de su alcance. En respuesta, Pamela hace un puchero, y yo revuelvo los ojos. "¿Podemos hablar como personas civilizadas?", pregunto agotada. Realmente fue difícil reunir el valor necesario para quitarle el arma de las manos. "¡Claro! Empecemos desde el punto en el que me abandonaste en tu habitación y me encerraste ahí. ¿En serio? Tuve que bajar por el árbol desde el segundo piso por ti". "Estás exagerando", intento bromear con mi conciencia culpable. "Cristina, casi me rompo la pierna por ti. La señorita se durmió encima de mi hermano, abandonando a su mejor amiga. ¡Qué asco!". "Eh, tu hermano no es tan malo ni feo", intento defenderlo. "Cristina aguarda 5 minutos, esperame ya regreso". "¡Espera! ¿Qué sucede?" pregunto desconcertada por su reacción, tanto alboroto que armo para que se vaya. "Vomito y vuelvo, fue demasiado asqueroso escucharte decir eso". "¡Ya corta con ese rollo Pamela!" "Ya vuelvo enseguida, debo volver a vomitar", dice antes de caminar y fijar sus ojos en mí. "¿Lloraste, Cristina?" Guardo silencio. No tiene sentido mentirle. Ella me conoce demasiado bien. "¿Qué te hizo ese imbécil de mi hermano? Lo mataré", pronuncia con voz tétrica. "¡No!" grito, abrazándola como un koala. Bruno es inocente en parte, aunque él también debería estar aquí soportando el interrogatorio. "¿Cómo que no? ¡Lo defenderás!". "No, espera. Él no tiene la culpa", digo, agotada, pasando mi mano por mi cabello y luego mostrándole mi brazo. "¿Fue la bruja?", pregunta furiosa. Yo tengo demasiada vergüenza, así que me quedo quieta en mi lugar sin responder. "¡Bien! ¡La mataré!", exclama Pamela, furiosa. "No vale la pena. Cálmate, Pamela. Yo sólo ya no- no soporto más esa maldita casa. Quiero irme de allí, ya no puedo vivir de esta manera. Si sigo así, probablemente me maten o termine... No sé cómo podría terminar", pronuncio con dificultad, tratando de no derrumbarme. "Cris...", dice Pamela, preocupada. "Ya no puedo más. No lo resisto. No quiero estar aquí. ¿Sabes? A veces deseo estar muerta. No quiero seguir sufriendo de esta manera." No puedo más. "Bonita, no llores. Ellos no valen tus lágrimas. Eres demasiado para ellos, eso es lo que ocurre. ¡No vuelvas a decir eso! Tú eres una existencia muy preciada para mí. Sin ti, no sería lo que soy. Tienes prohibido volver a pensar o decir esas cosas. Cris, tú eres inocente. No es tu culpa", dice Pamela, tratando de consolarme. "¡Sí lo es! Es mi maldita culpa. Todo es por mí. Mi vida es una jodida mierda. Ya no soporto esto. Pamela, ya no quiero que duela. Fallé, simplemente lo hice. Mi madre y mi hermano deben estar decepcionados de mí. Todo está mal", grito antes de comenzar a hiperventilar. "Cris, ¿Cris? Escúchame, debes calmarte. Ellos no están decepcionados. Están muy orgullosos de ti. Cada día te levantas y te reconstruyes nuevamente. Luchas por vivir sin rendirte, a pesar de que no tienes fuerzas, te obligas a caminar. ¡Entiéndelo, Cristina! Eso no lo hace cualquiera. Te puedes equivocar, ¿quién no lo hace? Somos humanos, ¡carajo! Nadie es perfecto. El que lo dice, miente. En este mundo podrido, no hay nadie que no haya caído al menos una vez en el abismo. Pero tú saliste del infierno, ambas lo hicimos. No somos perfectas, pero sí verdaderas. Y yo te apoyo. Vete de una vez de ese manicomio, vive como Cristina, no como esa chica buena que finges ser. Para mí, tú eres increíble siendo tú, y al que diga lo contrario, le daré una paliza", pronuncia Pamela con paciencia mientras me abraza. Las palabras no salen de mi boca, solo puedo abrazarla con fuerza. ¡Pamela, estás loca, pero eres increíble! Todos necesitamos un toque de locura para poder sobrellevar tanta mierda. Gracias por no abandonarme y darme las fuerzas que necesito. Cuando la oscuridad intenta tragarme, cuando deseo rendirme, tú no me dejas hacerlo. Si no fuera por ti, yo no estaría aquí. Después de 45 minutos, el intenso momento había pasado y ahora estábamos Pame y yo instaladas en el sofá, comiendo helado nuevamente. Sin dudas, ella es la mejor. "¿Ustedes no tienen vergüenza?" inquiere Bruno. "¡Cállate, Bruno!" respondemos ambas enfurecidas. Si habla, interrumpe la película. "Pero yo también quiero helado", se queja Bruno. Lo miro mal. Queda menos de la mitad del pote. Pamela no muestra signos de detenerse y yo como por dos personas. No hay suficiente para compartir, sin importar cómo lo mire. "¡Bruno, deja de chillar o te golpearé!", amenaza mi querida amiga sin compasión a su hermano mayor. Él hace una mueca, pero no contesta. Me siento un poco culpable al observarlo. Pame lo obligó a ir a comprar y no le dimos nada. Él parece un perrito mojado bajo la lluvia. No tengo otra opción. "Bruno", lo llamo y él me mira, sus ojos brillan. "Sí." "¿Puedes mirar la película? Me incomoda que tus ojos estén fijos en mi helado. Si continúas mirándonos así, me caerá mal." "Cristina, si te cae mal es porque ya comiste más de un kilo y no me has dado nada", responde él. Lo miro mal. "¡Persona cruel! ¡Ya no te hablaré!", digo ofendida, volteando mi rostro. Me está llamando tragona y diciendo que me caerá mal por eso. No creí que él fuera ese tipo de persona. "¡Cris!" "¡Lo único que te falta es que me digas que estoy más gorda!", grito enfadada. "Solo un poquito", responde él. Respiro profundamente, intentando no matarlo. "Pamela, ey Pamela", la llamo con determinación, mi vista fija en él mientras lo señalo, como en el kínder cuando acusabas a alguien. "¿Es en serio?", pregunta Bruno, sorprendido. No respondo, miro expectante a mi amiga. "¿Te vas o te saco?", dice Pamela con firmeza. "¿Están locas?", se queja Bruno indignado. "¡Lo sabemos, vete!", contestamos ambas. Ofendido, se levanta y se dirige a la cocina. "Mujeres, ¿quién las necesita?" susurra mientras sale de la sala. "¡Hombres!", gritamos ambas antes de estallar en risas. Amo a mi mejor amiga.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR