Capítulo 17-Cristina

965 Palabras
Cuando abro los ojos, me encuentro rodeada de una habitación desconocida y una sensación de incomodidad me invade al percatarme de las agujas clavadas en mis brazos. De repente, una voz amable y reconfortante rompe el silencio. "¿Estás despierta?" pregunta suavemente una enfermera anciana que se acerca a mi cama. Su rostro arrugado muestra una amabilidad genuina mientras me observa con atención. "Hola, sí", respondo con una voz entrecortada y ronca. La enfermera sonríe y me ofrece un vaso de agua. "¿Un poco de agua?" dice amablemente, acercándolo a mis labios. Sus ojos brillan con compasión y una calidez que me reconforta. "Querida, soy Matilda, un placer conocerte". Mi mirada se encuentra con la suya y una oleada de emociones me embarga. Su semblante me recuerda tanto a mi madre que la nostalgia surge desde lo más profundo de mi corazón. Casi instintivamente, mis dedos acarician mi abdomen, recordándome la vida que crece dentro de mí. "Soy Cristina, señora", respondo, tratando de ocultar la emoción en mi voz. "Lo siento, pero ¿cómo está mi bebé?" "Está bien. Parece ser tan fuerte como su madre", responde con una sonrisa cálida. Me siento avergonzada por la comparación, dudando seriamente de mi propia fuerza. "Agradezco la noticia", murmuro con gratitud. "Entonces, ¿podrías explicarme por qué tengo esa bolsa conectada a mi brazo?" Matilda deja escapar una risita dulce antes de responder. "¿Es tu primera vez?" me pregunta con complicidad. "¿Qué?" Respondo de nuevo, desconcertada. No puedo entender lo que quiere decir. Frunzo el ceño, tratando de captar su mensaje. La enfermera suelta una risa contagiosa. "¡Jaja! Parece que eres una mamá primeriza, querida. No te preocupes, esa vía intravenosa fue administrada para ti. Los moretones en tu cuerpo parecían muy dolorosos, y el médico intentó aliviar tu dolor. Pero no te preocupes, no afectará a tu bebé. Confía en nosotros, sabemos lo que estamos haciendo", explica orgullosa. Un suspiro de alivio escapa de mis labios y observo el rostro bondadoso de Matilda, donde se refleja el amor y la dedicación por su trabajo. Me siento más tranquila sabiendo que estoy en buenas manos. "Por cierto, Cris, esta viejecita ¿te puede llamar así?", pregunta Matilda mientras me ayuda a acomodar la almohada, demostrando su calidez. "Por supuesto, estaré encantada. Y por cierto, no eres para nada vieja, eres una mujer muy joven y hermosa", le digo con una sonrisa amable a Matilda, intentando devolver un poco de su amabilidad. "Eres una niña dulce. Tu madre debe estar muy orgullosa de ti", comenta Matilda, pero al notar que mi rostro se endurece y no respondo, detecta que algo no está bien. "Por cierto, el padre del bebé está afuera. Se negó a irse. Tienes mucha suerte. Iré a llamarlo por ti", anuncia Matilda antes de salir apresuradamente por la puerta de la habitación. "Pero..." La puerta se abre nuevamente, y con ella, una mezcla de emociones. La emoción en mi corazón se desvanece rápidamente, reemplazada por un sentimiento de decepción al ver a Bruno entrar en la habitación. Su tono de disculpa y la tristeza reflejada en sus ojos me atraviesan como dagas, y una punzada de culpa se instala en mi pecho. Conozco los sentimientos que Bruno alberga por mí, aunque trato desesperadamente de negarlos. Sé que él no me ve como una hermana, sino como algo más, pero es imposible que algo se desarrolle entre nosotros. No quiero mancharlo, sé que lo corrompería. Eso es lo que hago con todos. "¿Estás triste de verme?" Bruno habla en tono de disculpa, y veo la tristeza reflejada en sus ojos. "Bruno, tú sabes que..." intento decir, pero él me interrumpe suavemente, anticipando mis palabras. "Cris, está bien. No digas nada. ¿Cómo te sientes?", pregunta con delicadeza, tratando de desviar la conversación hacia un terreno menos complicado. "Aún siento un poco de dolor en el cuerpo, pero estoy mejor", respondo, tratando de apartar los sentimientos complicados que nos rodean. "Y el bebé..." continúa Bruno, su voz llena de preocupación y cuidado. "La enfermera me aseguró que está bien, que no corre peligro", le informo, buscando tranquilizarlo. "Entiendo", murmura Bruno suavemente, y su voz se carga de angustia. "Cris, ¿no pensabas decírnoslo? ¿No confías en mí?", pregunta, buscando respuestas en mis ojos. "No es eso. Es solo que no es algo que haya discutido con nadie. Realmente no sabía lo que iba a pasar. Todo es tan difícil..." trato de explicarme, luchando por hablar con claridad mientras las emociones que he guardado durante tanto tiempo amenazan con estallar. Sin decir una palabra más, Bruno se acerca a mí, ocupando el espacio vacío a mi lado. Con delicadeza, envuelve sus brazos alrededor de mí y acaricia suavemente mi cabello. Sus gestos amorosos me brindan una sensación de seguridad que necesitaba desesperadamente. Las lágrimas empiezan a brotar, y ya no puedo contenerlas. "Estoy aquí contigo. Los protegeré. No dejaré que enfrentes esto sola", murmura Bruno con determinación, aferrándose a mi con firmeza. No puedo evitar sentir que no merezco esto. Me apoyo en su pecho, aferrándome a él con fuerza. Su aroma me tranquiliza, evocando recuerdos del mar. Mamá, tú amabas el mar. Era tu refugio favorito en el mundo. Te necesito desesperadamente. Quisiera tenerte aquí conmigo, pero sé que eso es imposible. Bruno, no deberías estar aquí. Soy una chica mala y egoísta que se acuesta con tu primo, sin embargo, acepto el consuelo que encuentro en tus brazos. Tú mereces a una buena chica, alguien que esté a la altura de tu amor y bondad, y eso es algo que nunca podré ser. Mamá... ¿Puedo quedarme con este pequeño frijolito? No quiero perderlo... ¿Es aceptable que alguien como yo tenga un bebé?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR