"¿Escuchaste ese ruido?" susurro.
"¿Qué ruido?" pregunta Bruno, con una mezcla de confusión y curiosidad en su rostro.
"La puerta, alguien la azotó con mucha fuerza", respondo, señalando lo obvio. Estoy segura que hasta los vecinos también lo escucharon.
"Probablemente sea Pamela, discutiendo acaloradamente con uno de sus amantes. Seguramente mi hermana le cerró la puerta en las narices", especulo, tratando de encontrar una explicación plausible.
Tras reflexionar unos segundos, llego a la conclusión de que una Pamela enfadada puede ser más destructiva que un terremoto de grado 6. Pobre puerta, será mejor que se prepare para el peor de los escenarios con la don Juan de mi amiga.
Intento volver mi atención a la película, pero de repente siento cómo el sofá se hunde.
"¿Qué ha pasado?", pregunta Bruno, dirigiéndose a Pamela mientras coloca una palomita de maíz en mi boca, la cual devoro por reflejo.
"¡Está malditamente enfermo, es un...!", Pamela comienza a exclamar con furia, pero la interrumpo de inmediato.
"Pamela, me encantaría escuchar sobre tus problemas amorosos, pero estamos justo en la parte más interesante de la película, así que, por favor, cierra la boca".
"Mi querida amiga, o mi amada hermana, qué linda eres, Cris", responde Pamela sarcásticamente.
"Gracias, Pame, ahora, por favor, cállate", le pido con cierta impaciencia.
"¡Tú!", Pamela grita, pero antes de que pueda continuar, Bruno le mete un puñado de palomitas en la boca con sus rápidos reflejos. Ella me mira con odio, culpándome, "Fue tu hermano", le digo, señalando a Bruno como chivo expiatorio. Intento suavizar la tensión. "El actor principal de esta película es Taylor Ruperts", añado rápidamente, superponiendo mis palabras a las suyas. Pamela gira su rostro hacia mí como si fuera la niña del exorcista, y sus ojos brillan con una extraña fascinación.
Pasados unos diez minutos, Pamela se encuentra acostada sobre mi barriga en un intento de sobornar a mi futuro hijo o hija, que debe de ser fanática de Taylor o nos golpeara. Por mi propia seguridad, decido no intervenir en la amenaza de su tía psicótica. Cuando crezcas, me agradecerás por tomar esta sabia decisión, y no soy la única. Puedo ver un ligero ceño fruncido en el rostro de su hermano, pero él sabe quién está a cargo aquí, ya que también permanece en silencio, presenciando esta escena con cierta resignación.
"¡Sin duda, Taylor fue lo mejor!" exclama Pamela exultante, irradiando una emoción desbordante.
Bruno y yo nos miramos, compartiendo una complicidad silenciosa. Asentimos con una sonrisa y ella continúa expresando lo increíble que es el actor. Espero sinceramente, por el bien de Taylor, que nunca se cruce en el camino de mi enérgica amiga, o corre el riesgo de ser secuestrado.
Una vez que Pamela termina su monólogo sobre "Taylor es el mejor hombre del planeta", siento cómo una almohada se estrella contra mi rostro de manera inesperada.
"¡Ay! ¡Eso duele!" exclamo, soltando un quejido infantil.
"Lo siento, pensé que lo atraparías", se defiende Bruno.
"Corre antes de que te mate", le advierto, intentando abalanzarme sobre él, pero Pamela me detiene con rapidez. "¿Qué estás haciendo, Pame? Normalmente, estarías de acuerdo en darle una paliza".
"Como bien has dicho, normalmente, pero no ahora. Cris, debes tener cuidado, y no solo por ti misma. Sabes a lo que me refiero", dice Pamela, señalando con un gesto delicado mi vientre. Bajo la mirada avergonzada. Ella tiene razón, me cuesta adaptarme a esta nueva realidad. "Además, hace poco te dieron el alta del hospital. ¿Recuerdas las condiciones con las que te dejaron ir?" Pamela continúa con su sermón de advertencia.
"Sí", respondo, mientras ella espera que lo confirme. "Con la condición de evitar movimientos bruscos y emociones fuertes".
"Buen trabajo", dice Pamela, acariciando mi cabeza, y luego toma la almohada y se la lanza a la cara de Bruno. "¡Está embarazada, idiota! ¡Debes tener cuidado!"
Vaya, eso debe de haber sido doloroso. Al ver la nariz enrojecida de Bruno, siento un alivio momentáneo. Mi propio golpe ahora parece un toque suave de pluma.
"Pamela, ¿por qué no te unes al equipo de fútbol americano? Seguro que serías una gran mariscal de campo", exclamo, tapándome la nariz para evitar que la sangre fluya. "Y Cris, ¿has pensado en lo que harás? ¿Volverás a la universidad?"
"En realidad, me mudaré a Boston con ustedes. Mi padre ya firmó el contrato de transferencia de propiedad, me espera el apartamento de mi madre, solo falta el acuerdo final, donde buscaré consejos de Pame", respondo con una sonrisa de felicidad.
"¿Por qué no me pides consejo a mí?" pregunta Bruno indignado.
"Porque no confío en un hombre cuya nariz sangra después de ser golpeado por una almohada. Pareces intimidarte fácilmente", respondo de manera juguetona.
"¡Me siento ofendido! ¡No fue una almohada normal, fue ella quien la lanzó!", protesta Bruno, señalando a su hermana con incredulidad.
¡Bruno, eres hombre muerto! Deduzco, viendo como la cara de mi amiga se transforma. Él va recibir una paliza.
Observo con asombro cómo Pamela comienza a teclea a su hermano mayor, mientras agarra el cabello de Bruno y lo jala con fuerza.
"¡Ayuda! ¡Ay, ay!" grita él repetidamente, sintiendo el tirón en su cabello, mientras Pamela lo jala con mayor intensidad. En ese momento, decido actuar como una buena persona (al menos a veces), así que sujeto el balde de palomitas de maíz y vuelvo mi atención a la película. Miro mi vientre, acariciándolo con ternura, y le susurro: "Tienes un par de tíos locos, mi pequeño. Te deseo buena suerte".
La escena continua en medio de los gritos de Bruno y los golpes de almohadas. Aunque en el fondo, sé que la locura y el amor incondicional que ambos se tienen, son unos grandes hermanos.
Mis amigos son parte de lo que hace que la vida un poco especial. Me acomodo en el sofá, sigo disfrutando de la película y sonriendo.