El miércoles decidí quedarme en la casa de Lara. La materia que dictaban ese día no me interesaba en lo más mínimo, y mi estado de ánimo había decaído bastante. No quería pisar la universidad. Evalué la posibilidad de visitar a mi amiga la monjita; pero lo descarté, justamente por la proximidad del convento con la universidad. Lo que sí hice fue mandarle mensajes. Le conté con más detalles los problemas que tuve con mis padres y ella me mostró su indignación. También me prometió que haría todo lo posible para ayudarme, si yo se lo pedía. Le agradecí el gesto. A Candela no le molestó que yo me quedara en la casa, sin hacer nada. Pensé que me pediría ayuda con los quehaceres domésticos, pero por suerte ella se las arregló sola. Fue un alivio para mí, las veces que agarré una escoba fue par

