Capitulo 14. La presentación ante la sociedad.
Miré a Tania directamente a los ojos. Ella sostuvo mi mirada, desafiante. Sabía que, en este juego de alta sociedad, mi palabra no valía nada frente a la suya. Ella era una Petrovsky, una de los suyos. Yo era la extranjera recogida de un matrimonio accidental.
No tenía pruebas físicas de que ella hubiera hablado con Miguel, o con Diego... y los hombres que ella sobornó seguramente ya estarían lejos o guardarían silencio por miedo a lo que les podría pasar.
- Pobre Laura – la escuché susurrar, con ese veneno dulce que siempre utiliza cuando se refiere a mí.
- El trauma del accidente debe estar jugándole una mala pasada. Imaginar conspiraciones donde solo hay delincuentes comunes... no es de extrañar –
- ¡Basta! – rugió Don Vladimir.
- Limpien este pasillo. La gala debe continuar. Nicolás, lleva a tu esposa a que se asee y se cambie de ropa. No podemos dejar que nuestros invitados vean a una Danger con sangre en el vestido. Es una señal de debilidad que no nos podemos permitir –
Nicolás me guio escaleras arriba, ignorando las protestas de Tania de querer ser quien me escoltara a la habitación.
Al entrar en nuestra habitación, cerró la puerta con llave y me obligó a sentarme en la cama. Sus manos temblaban mientras buscaba un botiquín.
- Laura, ese hombre... Diego... – empezó a decir mi esposo, mientras limpiaba con cuidado la pequeña herida de mi cuello.
- Dijo algo sobre tu padre – yo asentí apresurada.
- Él dijo que papá lo llevo a esto, pero Nicolas... –
- ¿Qué ocurre? –
- Él también dijo que... – de pronto me quede en silencio. No entendí porque Nicolas me preguntaba por mi padre en ese momento, o por si Diego dijo algo sobre él...
¿Qué tiene que ver mi papá con Nicolas?
- ¿Qué pasa Lau... no confías en mí? – me preguntó.
Y yo misma me hacia esa pregunta... ¿debo confiar en él?
- ¿Dijo algo sobre lo que le pasó a tu familia? – me preguntó ahora, justo antes de que sus dedos pasen una gasa de algodón con una pomada transparente por mi cuello.
Me estremecí ante su toque. Pero la sola mención de mi padre, del accidente de mi familia abrió una herida mucho más profunda que la de la navaja.
Además, seguía sin comprender ¿por qué Nicolas me pregunta por eso...? no recuerdo haberle contando como murió mi papá ¿o quizás sí?
Estoy demasiado nerviosa para recordarlo en este momento.
- Que podría decir, el accidente de mi familia en el Valle fue eso... un accidente natural. ¿O tú crees que fueron ellos? – le pregunté y pude ver una sombra de duda en su mirada, un secreto que luchaba por salir.
- Si fue así... Miguel, él sigue afuera libre –
Nicolás se detuvo. Sus ojos buscaron los míos con una intensidad que me hizo contener el aliento.
- Hay cosas que todavía no entiendes, Laura – me dijo en un susurro.
- Cosas sobre tu padre y por qué mi abuelo estaba tan interesado en este contrato –
- ¿De qué estás hablando? – le pregunté, sintiendo que el suelo volvía a desaparecer bajo mis pies.
- ¿Qué tenía que ver mi padre con los Danger? Él era solo un hombre de campo, un abogado de tierras... –
Nicolás guardó silencio, apretando la gasa contra mi piel con un poco más de fuerza de la necesaria.
- Tu padre no era "solo un simple abogado de tierras" – me respondió finalmente.
- Tu como lo sabes, ¿acaso conociste a mi papá? – no me respondió.
- Ahora no es el momento cariño. Tenemos una gala de presentación que terminar –
- Pero, Miguel sigue libre. ¿Qué pasa si vuelve a intentar atacarme? –
- No lo hará. Mis hombres ya lo están rastreando. Él no conoce este país Laura, pronto será cazado como lo que es... una rata –
- Pero él no está solo. Si lo estuviera no habría podido entrar en la mansión con toda la seguridad que tienen acá – él se quedó en silencio otra vez.
- Ellos tienen cómplices adentro, y yo creo que es... – no me dejó terminar. Cubrió mis labios con los suyos en el momento que escuchamos unos pasos afuera de la habitación.
- ¿Nico, Lau están bien? El abuelo necesita que bajen ya – era Tania. Yo estaba a punto de decir su nombre, miré a Nicolas... ¿debo confiar en él?
- Laura, ponte este vestido. Debemos bajar ahora y tienes que mostrarte fuerte ante ella, si lo haces Tania perderá su poder sobre ti –
- Pero ella fue quien trajo a Diego y Miguel – le dije y lo vi fruncir el ceño.
- Cariño, Laura es una mujer intrigante. Te hará la vida imposible y quizás es incluso peligrosa, pero ella no puede hacer lo que pasó esta noche. Esto fue algo demasiado elaborado para alguien como ella –
- No es así. Yo... – suspiré. Él no me creía.
- Ella espera que te escondas, que llores del horror. No le des ese gusto. Baja y demuéstrale que esto no te hizo nada. Deja que nosotros nos encarguemos de averiguar quien más está detrás de todo esto... y será ese Diego quien nos lo diga –
Me puse en pie, ignorando el dolor en mi pierna por el esfuerzo anterior. Me miré al espejo. Efectivamente el vestido verde estaba arruinado, pero las esmeraldas de la madre de Nicolás habían vuelto a mi cuello, él las colocó esperando que ese pequeño corte ahora controlado no llame más la atención, y estoy segura de que así será.
- Cámbiate – me ordenó Nicolás.
Él salió en ese momento dejándome sola. Pude escuchar los pasos de Tania que se acercaban a él. Me cambié lo más rápido que pude... este vestido era mucho más elegante que el anterior, pero también era más provocativo.
Cuando estuve lista salí de la habitación y los encontré a los dos cuchicheando... esto es peor, porque me hace dudar de todo.
- Estás muy hermosa con ese vestido Laura – me dice Tania, recorriendo mi vestido con sus ojos fríos.
Nicolas estiró su mano y tomó la mia... caminamos hacia asi hacía la escalera y cuando bajábamos pude escuchar al abuelo hablando por el micrófono... no llegaba a entender lo que decía. Solo pude notar que todos giraban a vernos.
El salón estaba en su apogeo. La música de la orquesta se había detenido, ocultando los secretos que se habían derramado en el pasillo del ala norte. Don Vladimir ahora en silencio nos recibió con una inclinación de cabeza.
Una vez abajo el murmullo de la gente cesó. Nicolás tomó una copa de la bandeja de un camarero que estaba de pie al lado del estrado, supongo que debe ser uno de sus hombres, pues esperamos que no existan más infiltrados todavía.
Subió al estrado conmigo de la mano.
- Damas y caballeros – comenzó a decir y su voz resonó llena de autoridad.
- Un brindis por mi esposa, Laura Danger. Que el mundo sepa que ella no solo lleva mi nombre, sino también mi protección absoluta. Quien atente contra ella, atenta contra el imperio Danger –
Bebió de la copa sin apartar los ojos de mi... en ese momento recodé lo que sabía. “La copa para el brindis tenía un afrodisiaco potente”
- ¡Nicolas! – susurré, pero ya era demasiado tarde.
- ¿Qué ocurre? – me pregunta mientras me ayuda a bajar. Busqué con la mirada al hombre con la bandeja, pero no lo encontré.
- Todo esta bien ahora Laura, ya no tienes de que preocuparte –
- No es así... Diego me dijo que la copa preparada para el brindis tiene un afrodisiaco potente – lo vi fruncir el ceño.
- Miguel la preparó especialmente para ti... para que terminaras en la cama de ella – mis ojos se dirigieron a Tania, ella ahora estaba al lado del abuelo, con una copa de champagne en las manos que, por primera vez parecían temblar.
La mirada de Nicolas siguió la mia y una expresión de asco apareció en ella.
- Si es así. Esa mujer ha cavado su propia tumba, aunque todavía no lo sepa, pero... Miguel logró escapar, y eso significa que el peligro sigue acechando los muros de esta mansión –