YO EN MODO: ¡ME DERRITO!
Los preliminares no existen en esta ocasión, nos hemos deshecho de nuestra ropa en el preciso momento en el que Aramis ha cerrado la puerta de su apartamento.
Siento sus manos por todo mi cuerpo y me muerdo los labios al verlo frente a mí por completo, desnudo, alto, musculoso y con un cuerpo tan gloriosamente perfecto que me pregunto internamente qué habré hecho para merecérmelo.
Sus cejas pobladas, pestañas y ojos grises, tan oscuros y brillantes que podrían confundirse con el acero, atrapan mi mirada y convierten mi cuerpo en un cúmulo de nervios y sensaciones que alteran mis sentidos.
Su boca atrapa la mía, sus manos presionan mis glúteos y me obligan a rodear sus caderas con mis piernas; su beso se vuelve mucho más intenso y suspiro cuando siento la invasión de dos de sus dedos en mi interior.
Mi corazón palpita con fuerza, todo es tan nuevo para mí que tengo miedo de hacer algo mal.
Estoy segura de que mi mirada se ha dilatado y que él sabe que mi cuerpo y mi aliento en este momento le pertenecen.
La sensación de su cuerpo pegado al mío, sentir su calor y olor y cómo mis fosas nasales se impregnan de su increíble olor, es una experiencia alucinante.
Siento el calor invadirme y algo único y diferente que se apodera de mi ser. La sensación es única y extraña.
Me siento como si llegara a casa por primera vez, como si hubiese caminado con un corazón errante, sin domicilio y por fin encontrase mi lugar perfecto.
— Se siente tan diferente contigo —susurra Aramis, acariciando mi cabello.
Lo miro a los ojos y me sostengo de su cuello y caderas. Su comentario me ha hecho sentir de esa manera, diferente, única, como quise serlo para él desde el principio.
Mientras lo miro, siento que su pene se introduce poco a poco en mi interior, es un poco molesto y cierro los ojos y suspiro tratando de acostumbrarme a su invasión, a su tamaño.
Un tierno beso en la punta de mi nariz me hace abrir los ojos para observarlo mirándome, con el ceño fruncido, sin moverse.
— ¿Qué sucede? — Pregunto inquieta. ¿Acaso no le ha gustado?
— Intento comprender que lo hace diferente — me dice y siento cómo sale de mi interior y vuelve a penetrarme.
Gimo y me muerdo los labios porque, a pesar de moverse tan lento, lo hace con precisión y potencia, llenándome por completo y robándome la respiración.
Mi boca se pierde en la suya, y mientras mis dedos inquietos se enredan en su cabello y se sostienen con fuerza, mi mundo se llena de mil sensaciones entremezcladas entre el deseo y la intimidad, todo es tan diferente y tan distinto a lo que poco que viví con Lorenzo, que lamento haber tardado tanto en descubrirlo.
— ¿Siempre es así? — Pregunto impresionada.
Respondiendo a sus movimientos y a las necedades de mi cuerpo, que pareciera tener mente propia; pego mi frente contra la suya mientras me deslizo contra la pared y su pecho acoge mis senos.
— Solo contigo —su voz ronca y su mirada dilatada, llena de deseo y de incertidumbre por lo que acaba de decir, me inducen a moverme con más ímpetu, buscando con cada caricia, con cada beso y cada roce su satisfacción, mucho más que la mía.
Entregándome por completo y sin reservas, sintiendo en cada embestida cómo mi mundo se transforma en un lugar lleno de erotismo, calor y deseo, y sobre todo esto, sintiendo una intimidad asombrosa, como nunca lo había hecho.
— ¡Aramis! Creo que voy a correrme — Susurro contra su boca y segundos después, siento como mi cuerpo es impulsado contra la mesa baja, mis piernas están abiertas y su m*****o me embiste con mucha más potencia —¡Oh por Dios! — Grito y dirijo mi mirada hacia abajo, donde puedo observar su majestuoso abdomen perdiéndose entre sus caderas.
Gimo y me llevo una mano a los senos y aprieto con fuerza, perdida en las sensaciones cuando la necesidad de explorar hace presa de mí y mis ojos se dilatan por completo y se entretienen en la intensa imagen que crea su pene, perdiéndose en mi interior y saliendo completamente bañado por mis fluidos. ¡Esto es una pasada!
Una sensación de anticipación se apodera de mi vientre y levanto mis caderas, presionando mi pelvis contra la suya y sintiéndolo más profundo, tanto, que es impresionante.
— Mierda, nena — Contraigo los músculos en el afán por sentirlo más profundo y su pene se engruesa, abarcándolo todo, vibrante.
Una especia de lava arrasa con todo a su paso, mi cuerpo intenta soportar el cúmulo de sensaciones que se concentran en mi vientre, haciendo que todo explote a mi alrededor. Necesito respirar, necesito sentirme más llena, completa; sentirlo más fuerte.
Llevo uno de mis brazos a la parte trasera de mi cuerpo y me apoyo contra la mesa, mientras me sostengo de su cuello con mi otro brazo y presiono mis piernas contra sus glúteos, empiezo a moverme desesperadamente, es mi cuerpo el que lleva el ritmo y mi v****a quien lo guía, añorando sentir algo que en realidad desconoce.
— ¡Más fuerte!— Grito cuando una mano de Aremis se presiona contra mi vientre y me embiste como si quisiera fundirse conmigo en mi interior — ¡Madre mía! — Vuelvo a gritar al sentir como me levanta y mi pelvis se estrella contra la suya, mientras soy lanzada contra su regazo y mi v****a lo absorbe por completo.
Doblo las rodillas y grito cuando sus labios se apoderan de uno de mis senos y sus dientes y lengua juegan con mis pezones. Nunca me hubiese imaginado algo así, sentir su m*****o de manera tan profunda, como si quisiera acabar con mis paredes vaginales y con todo a su alrededor.
Aramis está sentado sobre la alfombra y apoyado contra el sofá, mientras lo cabalgo sobre su regazo, como la mejor de las amazonas, algo que nunca hubiese creído ser capaz de hacer.
Levanta sus caderas y estrella su m*****o contra mis paredes vaginales, y en cada embestida siento como si me estuviera quemando por completo.
Mi mente se pierde entre las sensaciones, mis sentidos están alterados, su toque se siente diferente, la humedad de su boca me enloquece y cada vez que me llena, podría jurar que me completa como ninguna otra persona en el mundo.
— ¡Por Dios! ¿Cuánto tiempo dura esta sensación? — Pregunto con la voz ronca y afectada de tanto gemir y gritar.
— ¿Qué sensación? — La vibración de su voz contra mis pezones crea pequeñas fricciones en mi cuerpo. ¿Qué Diablos?
— La sensación de correrme, es como si estuviera perdiéndome en un orgasmo, saliendo de una ola y entrando en otra sin poder recuperarme — Logro decirle entre gemido y gemido.
Aramis toma mis caderas con ambas manos, me mira a los ojos y se inclina y me habla al oído con la voz tan ronca y cada poro de mi cuerpo se estremece por completo.
— Ahora, córrete, cariño —me dice mientras levanta mi cuerpo y aleja el suyo del mío, para enseguida levantar sus caderas y dejar caer con potencia mi humedad contra su pene.
— ¡Mierda! — Grito, mientras todo a mi alrededor desaparece y siento la lava invadiéndome como si fuese una avalancha de sensaciones.
— Bienvenida a mi mundo, preciosa — Me dice para enseguida desbordarse por completo en mi interior, siento su líquido caliente invadiendo mi interior y vuelvo a contraer mis músculos — Gracias por dejarme entrar en el tuyo.
— ¿A qué te refieres? — Mi mente sigue por completo perdida en medio de su calor, su abrazo y los pequeños estremecimientos de mi cuerpo ¡Oh por Dios! ¿De todo esto me estaba perdiendo por culpa del imbécil de Lorenzo y su pequeño pene?
— Me refiero a que en mi mundo todo es físico, Zoa — Me mira a los ojos y tengo la impresión de que no se siente cómodo — Todo es básico, carnal, no hay tiempo para descubrirse, para entregarse, no como ha sucedido contigo — Mi corazón late con fuerza ante sus hermosas palabras.
Sonrío, flotando en un mundo lleno de romance y dulzura. De súbito, vuelvo a la realidad y la parte de su cuerpo que todavía acojo en mi interior y la humedad viscosa que siento borran la estúpida sonrisa de mi cara.
— ¡Oh por Dios! No has utilizado nada — Le empujo y me levanto de un salto, sintiendo como la humedad desciende por entre mis muslos — No nos hemos protegido — Amaris se levanta e intenta acercárseme, no puedo soportarlo y vuelvo a empujarlo.
Soy una idiota, he visto a este hombre tirarse a no sé cuántas mujeres en solo unas semanas, es un puto y vengo yo y me le abro de piernas y sin un puto preservativo ¿En qué diablos estaba pensando?
— Zoa, espera — Aramis va detrás de mí cuando me ve caminar por su aparta-estudio, recuperando mi ropa. Él sigue gloriosamente desnudo y yo todavía siento la necesidad de frotar mis piernas, porque todavía tengo la sensación de que sigue llenándome.
— ¿Te das cuenta de lo que ha pasado? Somos unos irresponsables — Lo esquivo, no quiero que me toque porque estoy segura de que si lo hace, volveré a permitirle cogerme y el preservativo será lo último en que lo piense ¡Soy una imbécil lasciva!
— Zoa, estoy limpio. Siempre me cuido, pero también me hago exámenes regularmente — Me dice con suavidad y me quedo mirándolo, perdida por un instante, sin saber qué pensar.
¿Qué está diciendo? ¿Se cuida? Bueno, creo que lo hace, siempre que lo he observado se detiene un momento para ponerse un preservativo, eso lo he visto. Sin embargo, diga lo que diga, no dejo de ser una más.
— ¡Zoa! — Me toma de los hombros y su voz aumenta unos cuantos decibeles y se torna un poco más ronca. Me detengo y lo observo — Estoy limpio ¿Vale? Si lo deseas te enviaré mis últimos análisis y con respecto a quedarte embarazada, no te preocupes, desde hace un poco más de un año, me ocupé de eso — Hago un gesto de extrañeza, no entiendo a lo que se refiere — Me he hecho una vasectomía, no puedo tener hijos — Parpadeo en varias ocasiones y la imagen de él y yo juntos, compartiendo una casa con un jardín, dos hijos y un perro se esfuma de mi mente.
— ¿No deseas ser padre? — Pregunto impresionada. Aunque en realidad no sé por qué debe molestarme, si desde el principio he tenido claro que él no está conmigo porque quiera casarse y formar una familia.
— No es algo que desee fervientemente — Me responde, deja mis hombros libres y se aleja — Será mejor que te lleve a tu casa — Lo veo entrar a la sala de baño y me quedo de pie, como una estúpida en medio de su apartamento y con mi ropa en mis manos.
¿Por qué me siento como si hubiese perdido algo importante o hubiese renunciado a él? Es algo estúpido, porque Aramis no está pensando en tener una relación conmigo en serio, o bueno, no tan en serio como a mí me gustaría.
Escucho el timbre de su puerta y me observo, Aramis toma una ducha, así que tendré que ser yo quien abra y estoy hecha un desastre, mientras intento adecentarme como para poder recibir a alguien. Por la hora, me imagino a su hermana frente a ella y de solo pensar en que podríamos conocernos en estas circunstancias, siento que puede darme algo ¡Qué horror! Así que, me recojo el cabello en un moño y abro la puerta con una sonrisa.
Frente a mí, se encuentra la mujer más hermosa que he visto en mi vida y no tiene nada que ver con la otra chica. Tendrá unos cuarenta años o tal vez más, su cabellera negra, brillante, y sedosa se extiende hasta su cintura, su cara perfectamente maquillada, con los labios de un rojo que le favorece considerablemente, la piel bronceada y su cuerpo perfecto, alto y delgado como el de una reina de belleza, me dejan con la boca abierta.
Lleva un vestido n***o, recto hasta las rodillas, con un delgado cinturón blanco en su fina cintura y unos vertiginosos tacones del color de su piel.
La mujer me mira desde la punta de los pies hasta el moño mal organizado de mi cabello y me siento de inmediato como un mosquito fastidioso.
— ¿Dónde está Aramis? — La mujer entra con paso decidido, empujándome hacia un lado ¡La muy P...
— Señora, no tengo la menor idea que quién es usted y no debería forzar de esa manera la entrada a una casa que no es la suya — Ella sonríe y vuelve a mirarme de esa forma tan despectiva e incómoda.
— Por supuesto que no tienes claro quién soy yo, o no estarías hablándome de esa manera — Me dice y mira a su alrededor, como si todo le molestara.
— ¿Y quién es usted? — Le pregunto cruzando mis brazos.
Sé que huelo a sexo, me incomoda la humedad que comienza a secarse entre mis piernas y de reojo observo la ropa de Aramis que se encuentra esparcida por la habitación, mientras desde donde estamos se puede escuchar el sonido de la ducha.
La mujer se acerca a mí y me vuelve a dirigir esa estúpida mirada que comienza a tocarme los cojones, se lleva las manos a la cintura y entreabre un poco las piernas, intentando demostrar su poder. ¡Estúpida!
— Soy su dueña, ¿y tú quién eres? — Responde mirándome desafiante y solo tengo ganas de golpear su hermoso rostro de diva despectiva.