Al cerrarse la puerta suspiro y una sonrisa nace en mis labios, camino hacia la habitación que tenemos condicionada como oficina, me ubico en mi escritorio y me decido a preparar mis sesiones. Cerca de las ocho de la mañana recibo la llamada de Astrid informándome que está abajo en recepción y aunque le gustaría subir me pide que baje ya que lleva el día atareado, uso el ascensor y llego donde me espera con una caja un poco alargada blanca en la mano derecha, mientras en su oído se encuentra un manos libres que indica que está en una llamada y por lo que veo hablando efusivamente, me acerco y le indico los sofás que se encuentran en lateral izquierdo que cumplen el papel de sala para los propietarios y visitas. ―Disculpa, era una llamada importante ―me indica mientras se inclina hacia

