―Pues sí, no ves que ya está casi listo. ―Entonces el miércoles estaremos por aquí, y luego el jueves en la tarde vendré a buscarlo. ―¡Ey!, no seas agresiva que tampoco somos máquinas ―se queja Felipo y no puedo evitar reír mientras Astrid rueda los ojos. ―Bueno, entonces vamos a cambiarte Ness y que estos llorones terminen el vestido a tiempo ya que tienen tus medidas. La cara de los tres es un poema y yo solo sonrío negando con la cabeza. Mientras Astrid suelta la carcajada por lo que supongo es un chiste privado. Antes de quitarme el boceto una chica entra y hace algunos agarres y luego me mide el ruedo del vestido, así que indicándole uno que otro pequeño detalle termino quitándolo y colocando mi ropa deportiva con la que me he vestido hoy. Salimos y nos despedimos mientras

