Por favor, para...
Quedarme encerrada en mi jaula de cristal, como le había puesto a la casa de los Scott, había sido bueno y malo a la vez.
Seguía trabajando para mi jefe, en modo teletrabajo, lo que me daba más tiempo para hacer mis trámites y empezar a buscar qué iba a estudiar, pues terminé los estudios secundarios.
Además, tenía el plus de que podía cuidar a Sarita todo el día o por lo menos cuando el señor yo todo lo puedo me deja.
Estas semanas han sido realmente extrañas con él aquí, pues casi no sale de la casa y Sarita le sigue como las moscas a la miel. Ya me había dado por vencida con esos dos, pues su conexión era demasiado notoria. Sí, él es el innombrable, ya saben...
—¿En qué piensas?
—En nada señora Alma, solo que estoy un poco cansada de estar aquí todo el día encerrada, echo de menos ir a tribunales.
—¿Has pensado que vas a estudiar?
—Puede que asistente legal, me gusta lo que hago con el jefe.
—¿Y estudiar derecho?
—Esas son palabras mayores señora Alma.
—No lo creo, eres bastante inteligente y capaz, puedes estudiar en la NYU igual que Thomas y eso es un aliciente, no estarás lejos de la niña y tampoco de nosotros.
—Por lo pronto me interesa que podamos encontrar una solución a mi problema y que su pobre madre no se tenga que ensuciar las manos por mi culpa.
—Ay mi Dani, todas las cosas pasan por algo y aunque creas que todo va mal, para las Soré siempre hay una forma de salir a flote.
—¿Le puedo hacer una pregunta?
—Todas las que quieras, cariño.
—¿Por qué se cambió el apellido?
—Uff, eso fue para agradecerle a mi papá por todo lo que hizo conmigo y con nuestras familia. Cuando mi progenitor nos abandonó por su nueva pareja fui injusta con mamá y hasta la culpé de todo, con el tiempo vi que a veces las relaciones no son lo que uno piensa, algo así como que ves de la puerta hacia afuera. Adam siempre fue un hombre transparente que primero nos acogió cuando más lo necesitamos Val y yo, se enamoró con locura de nuestra mamá y con el baboso de tu jefe hicimos muchas locuras para reunirlos y el amor triunfó. ¿Sabes? El día que llegó nuestro abuelo a esta casa supimos de la maldad que había en mi padre, no solamente mi tío atento contra nosotros. Él fue capaz de dejar a mi viejito en la calle sin nada y no le tembló la mano. En cambio papá, le dio la bienvenida a la familia sin esperar nada a cambio y aunque a mi abuelo le dolió que no lleváramos el Soré como primer apellido nos entendió y agradeció al nuevo hijo que la vida le había dado.
—Don Adam es una persona muy buena.
—Sí, el mejor de todos. Tanto el como mamá son mis ejemplos a seguir y hazme caso si ellos encuentran una solución síguela al pie de la letra, verás que lo que te digo es cierto.
—A veces las cosas son tan complicadas señora Alma.
—Sabes hay una cosa que me parece divertida de ti es que nos trates de señoras y señor, vamos no somos tan viejos, trátame de Alma y no te avergüences, ya eres parte de este manicomio.
Ambas reímos por el comentario y desde ahí ella pasó a ser mi gran amiga...
Para los siguientes días, ya me había acostumbrado a la rutina, era como trabajar en la oficina sin salir, pero todo era lo suficientemente tranquilo, mi jefe y su esposa estarían de vuelta en unas semanas y yo tenía todo al día en sus juicios. La jefa se encargaba de los alegatos en la corte y yo de la parte administrativa.
Debo de decir que los de inmigración no habían dado luces, lo cual agradezco, todo seguía su curso y ya la jefa había comenzado a armar mi caso.
Debí contarle todo lo sucedido y en especial cómo fue que Sarita terminó siendo mi hija, ese día al recordar lo que sucedió después de que desperté en ese hospital volví a colapsar. Mi jefa llamo a la terapeuta que atendía a mi jefe y con ella he comenzado a tomar sesiones para poder superar mis miedos y no quedarme petrificada de solo pensar en ellos, eso se sentía bien y según mi jefa ayudaba en el caso. Con todo eso y la presencia de Jex ayudando con los niños, me encontraba hoy trabajando en una video llamada con mi jefe.
—En el caso de Dubois prepara el dosier con los antecedentes para la prueba testimonial y aprovecha de redactar las preguntas que te gustaría hacer si fueras tú la que llevara el caso.
—Pero jefe, yo no soy abogado, no sé si pueda.
—Yo sé que puedes y confío plenamente en ti . Hazme caso chiquilla, sino te.
—Ya sé, me despide. Dios extrañaba esa frase.
—Ja. Ja. ¿Sabes que estás loca igual que yo?
—Y por eso lo amo jefecito.
—¿Y a mí también me amas Dani?
—A ti también precioso, te amo más que a tu papi.
—Hey, no te metas con mi asistente, ya tendrás tú la tuya.
La risa de la señora Dana no se hizo esperar y llamó al mini Thomas para irse a bañar, el bello príncipe se despidió de mí lanzándome besitos por la pantalla y pidiéndome que le diera unos poquitos a mi Sarita.
Terminamos, luego de media hora más y seguí con lo que me había pedido mi jefe, era la primera vez que estudiaría un caso yo sola y los nervios me tenían estresada, dejé los documentos que había impreso y fui a ver a mi bebita, hoy Alma estaba encargada del cuidado de los niños. Bueno, en realidad la señora Gloria, Alma era otro bebé más en el grupo. Jex había salido temprano, por lo que no lo había visto en todo el día, lo cual agradecía. A veces me molestaba con los cuidados de mi niña, si hasta me dijo que era una incompetente y mala madre, preocupada más del trabajo que de mi propia bebé, pero no quise pelear con él, era demasiado cansador y estresante.
Ordené las cosas y al abrir la puerta me encontré con el susodicho.
—¿Así qué amas a tu jefe? ¿No te da vergüenza estar enamorada de un hombre casado y decírselo como si nada?—Y este ¿Qué se fumó?
—Invocando al diablo y se me aparece— revire los ojos y haría como si nada, era mi mejor forma de actuar, alguna vez escuché que una forma de no chocar a toda velocidad con un obstáculo inamovible era esquivarlo de una manera sutil y diligente y eso era lo que estaba haciendo ahora— con permiso.
—Te estoy preguntando algo.
—Y yo no tengo porqué responderle, así que siga con sus dudas estúpidas.
—Y yo quiero que por una puta vez en la vida me digas ¿Qué pretendes?—Me tomó del brazo y me acercó lo más que pudo a su cuerpo, sus ojos destilaban una ira contenida y mierda, me asusté — Maldita sea niña, dímelo por favor, ya no aguanto más la incertidumbre de no saber qué quieres con él si ya está casado.
—Por favor suélteme, no sé de qué está hablando.
—Te oí claramente decirle que lo amas, no me vengas a decir que no es así ¿Por qué él?
Su voz parecía un ruego, era como si quisiera una respuesta que no tenía, pues cualquier cosa que le dijera no lo satisfacía y cuando menos me lo esperaba sus labios chocaron con los míos en un beso demandante que me quitó la respiración.
Sentía mi cuerpo temblar y la desesperación de no poder hacer nada me invadió, estaba cayendo en ese pozo sin fondo nuevamente y creo que en mi último suspiro algo pude decir.
—Por favor, para…
—Dani, Daniela, por favor. Dani dime ¿qué te pasa?
—¿Qué fue lo que pasó aquí?
—Alma, perdóname, no sé que le pasó, estábamos discutiendo y de pronto…
—Mierda Jex, es un ataque de pánico. Vamos, llevémosla a su habitación.
—Por favor muñequita de porcelana reacciona, no quise lastimarte, ¡Mierda Alma! ¿Qué hago?
—Estoy llamando a Pilar, espera…
Pilar, escucha, Dani sufrió una crisis y se desmayó. Sí, si, ella respira, está bien… Jex busca las sales en el mueble y colócalas en su nariz.
Okey, okey, te llamo luego y gracias.
—Vamos nena, prometo no ser malo contigo, pero despierta, Sarita te necesita…
¡Dios, Alma. No reacciona!
—Tranquilo, tranquilo, ya despertará, iré por una toalla húmeda, quédate con ella.
—Perdóname por favor…
Desde ese día y hasta hoy, Jex no volvió a acercarse a mí y menos a Sarita, la pobre lo extrañaba. Por Alma supe que después de mi crisis de pánico él decidió que volvería a su departamento, según ella, le dijo que se sentía culpable de lo que me había pasado, lo cual era cierto, pero traté de poner las cosas en frío y no les dije nada más allá de que discutimos, lo que sucedió después lo guardaría porque a pesar de todo no quería dañarlo.
Él… él no quiso hacerme daño, solo hizo algo que no soportaba y era que alguien me tocara como si fuera un objeto y no una persona.
Hoy tenía sesión con la terapeuta y estábamos sentadas en el despacho de mis jefes.
—¿ Cómo te sientes hoy?— me pregunta Pilar, en la sesión de hoy.
—Cada día más asfixiada, pero con la esperanza que algo salga bien.
—¿Y con respecto a lo que pasó con Jex?
—No sé como expresarlo, no justifico su arranque, pero el tampoco sabe lo que me pasa y yo no quiero decírselo.
—No le tienes confianza como a Blue o a Alma.
—Es que no lo entiendo, es un ser extraño, por algunos momentos siento que me odia y a veces…
—¿A veces qué?
—Nada, es ese el problema. Es que si lo viera con Sarita, es tan distinto de como me trata a mí con mi beba que me confunde.
—¿Crees qué él la quiere?
—Por supuesto —dije sin titubear—. Es a mí a la que no.
—Ya veo. Bueno Dani, te dejaré descansar por hoy. Vas bien y mientras logres superar tus miedos seguirás avanzando.
—Gracias.
Tomé mi libreta de apuntes y me despedí de la doctora. Hoy estábamos solas con la señora Gloria. Alma había salido de compras con su equipo de seguridad, sabía qie él la acompañaba, pues la escuché hablando y pidiéndole que fuera con ella y sentí la necesidad de verlo y decirle que lo perdonaba como me lo había pedido, pero no me esperaba que un rato más tarde llegara Alma sola y muy preocupada.
—Jack, por favor averigua qué está pasando, la llamada de esa chica me dejó muy preocupada.
Sí, eso te estoy diciendo y siento que algo está pasando.
No me digas pájaro de mal agüero, Jack.
Está bien, aprovecharé de llamar a mamá y a los chicos, prometo estar tranquila, este bebé no molesta para nada, así que ponte a trabajar y dime dónde está Jex.
También te quiero lindo precioso.
—¿Qué pasa?
—Ho… hola Dani, no pasa nada, es solo que Jex recibió una llamada de su novia y me dejó preocupada, al parecer la chica estaba siendo acosada por alguien.
—Dios santo, pobre.
—No sé, mi querida Dani. Hay algo que no da buena espina de ella y creo que mi amigo se meterá en graves problemas.
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