Segunda señal que no vi… ¿Por qué a nadie le gusta mi chica?
¿Quién dijo que trabajar para los Scott era el mejor trabajo del mundo? Mierda, ese fui yo...
Cuando me aceptaron como guardaespaldas en Scott y asociados no pensé todo lo que viviría y no me quejo, pues cuidar de Alma ha sido de lo más satisfactorio que he podido hacer en la vida. Bueno, salvo cuando se nos aparecía un desquiciado que quisiera poner nuestras vidas en riesgo, lo que había pasado muchas veces en el pasado, pero fue la mejor opción, seguir a mi súper estrella ha sido y será la mejor experiencia de mi vida y, ahora, soy más que un guardaespaldas. Me he convertido en el compañero de locuras de mis gemelitas y de mi ahijado Tommy y en el príncipe azul de una castañita de ojos grises...
Mi vida, Uff era nada antes de esta familia, me dejaron en una iglesia pocas horas después de haber nacido, por lo que me crie en un orfanato hasta que cumplí mi mayoría de edad y tuve que salir a luchar por la comida y un techo donde dormir. Me metí en peleas clandestinas y problemas como todo niño huérfano y desadaptado. Si hasta pasé en la cárcel unos meses, pero cumplí mi condena y aprendí mi lección.
Ahora, a mis veintisiete años era un hombre normal, con un trabajo normal (dentro de lo que se puede entender como “normal”) y por fin había encontrado el amor... Tabatha era todo lo que había soñado, una chica hermosa, tranquila y con los mismos sueños que yo y ese era el motivo por el cual tenía a las dos incordios de mis amigas en la maldita Tiffany’s para elegir un hermoso anillo de compromiso para mi chica y quizas,si me acepta, mi futura esposa.
—Este es precioso, un pequeño diamante en oro blanco, de todo mi gusto— dice Alma, indicando el anillo en cuestión.
—Si, claro doña no me gustan las joyas— la remeda Dana recordando el pasado de nuestra amiga.
—A ver ¿Qué fue eso señora Scott?
—Nada, señora Di Rossi, solo que le recuerdo sus años de soltería donde decía que las joyas no demostraban el amor.
—Idiota.
—Pendeja.
—Ya basta ustedes dos, no sé para qué las invité, mejor debería haber invitado a sus maridos.
—¿Qué? — me respondieron las dos molestas, pero yo estaba peor, llevábamos dos horas ¡Dos malditas horas! eligiendo un simple anillo.
—Es solo un anillo y ya, chicas.
—Con el cual le pedirás matrimonio a Tabatha ¿Se te olvida tonto?
—En eso tiene razón mi amiga Jex, es un momento importante para ustedes dos, ¿alguna sugerencia en cuanto a los gustos de la futura cuñada?
—Pues no lo sé, Tab no es de usar mucha joyería, pero si la he visto viendo catálogos por internet y por eso estamos aquí.
—Ah…— me respondieron las dos, eso era terrible, porque vendría la reprimenda…
Tres…
Dos…
Uno…
—¿Cómo no vas a conocer los gusto de la chica a la que le pedirás matrimonio? Idiota— me grita molesta Alma, colocando los brazos en jarra.
—Es que no lo puedo creer Jex, eres un inconsiderado, que tu novia no nos caiga bien no quiere decir que el que está enamorado de ella no tenga ni idea de lo que le gusta.
—¡Dana!— ahora Alma se encoleriza con la otra loca y ambas empiezan a echar chispas por los ojos, dios ¿qué he hecho para merecer esto?
—No me vengas con cosas mi estrellita, a ti tampoco te cae bien la hija de la hechizada.—Alma soltó una sonora carcajada, a la que le siguió mi otra amiga y yo seguía sin entender absolutamente nada.
—Buena, no se me había ocurrido.
—¡Ya basta ustedes dos! Son unas pésimas amigas, definitivamente no las invitaré a mi matrimonio.
—¡Te matamos Lester!— me dicen al unísono y mejor que me parta un rayo, ya no aguanto más.
—Ya, cálmense y ayúdenme, por favor se los ruego— hice mi último intento de mantener la paz y tranquilidad mental, que esas dos no me daban y se los pedí con las manos en forma de oración.
—Está bien, pero que conste y quede en actas mi querido hermano, amigo y compañero que todavía no nos convences con este compromiso tan apresurado.
—El problema mi querida sombrita es que a la que tiene que convencer es a mamá — dice Alma y a mí se me cae el mundo, aún no he vuelto a hablar con la jefa de lo que me pidió Tab y ese era uno de mis mayores pendientes. Ah y también que me estaba escondiendo de la jefa.
—Eso lo tengo cubierto— digo para salir del paso, haciendo un gesto con mis manos.
—Y yo nací ayer Jex, tú lo que tienes es miedo de enfrentar a mi mamá, pues sabes que ella la mandará a investigar y…— la detuve en seco, tenía que hacerlo, pues si se enteraban de que no lo hice porque me dio vergüenza, me matan.
—Yo ya cubrí eso cariño y ya pasó la prueba.
—Bajo tus sábanas…— dice ahora mi ex amiga haciéndome guiños con sus ojos de hielo.
—¡Dana! Desde que te casaste con tu demonio de tres patas estás muy cambiada mujer.
—Ni que fuera mentira lo que te estoy diciendo.
—Pues no, además Tab está postulando a un cargo en la oficina — acabo de mundo, avora las dos me miran con cara de póker.
—Mmm…
—¿Mmm qué Alma?
—No nada, todo quedará en familia entonces— dice con voz cantarina, pero no la entiendo.
Para ese momento, ya vamos en la tercera muestra de anillos y la vendedora de la tienda se merecía el premio a la empleada del mes soportando a esas dos que se hacían pasar por mis hermanas sobreprotectoras.
—Oh, mira, ese es el indicado.
—¿Cuál?
— Ese solitario de ahí, no es muy grande ni muy pequeño y se verá hermoso en cualquier mano ¿Tienes su medida?
—Sí, aquí la tengo — Alma me mira como si me hubiera salido un tercer ojo, pero parece que lo había hecho bien. Saqué de mi billetera un pequeño lazo rojo con el que la noche anterior había medido el dedo de Tab y las chicas suspiraron ¿Quién entiende a las mujeres?
—Entonces será ese, señorita ya nos hemos decidido, será el Tiffany True® Engagement— dice toda suelta de cuerpo Alma y le entrega a la chica el lazo que había hecho.
—Excelente elección señora Di Rossi, esta sortija es divina y la novia será muy feliz con ella en su dedo— responde la vendedora, creo yo pensando en que por fin nos iríamos del lugar, pues la cara de alivio que puso no tuvo precio.
—Gracias linda, empaquétala en una caja negra por favor, para mantener su elegancia.
—Por supuesto.
La chica de la joyería entró a la sala contigua de donde nos encontrábamos y luego salió con una pequeña bolsita en sus manos.
Saqué mi tarjeta y las chicas negaron.
—Este será nuestro regalo para ambos, por favor acepta por tenerte tanto tiempo esperando.
—Pero chicas...
—Nada Jex, somos tus hermanas y te amamos, esta es una forma de retribuir todo lo que has hecho por nosotras.
Un tanto avergonzado agradecí el gesto, esto no me lo esperaba y sabía que gastaría un dineral en este anillo, pero ella se lo merecía y las dos locas que tenía aquí no me dejarían en paz si no aceptaba.
—Está bien, lo acepto.
Salimos de la joyería y las hambrientas quisieron ir a comer hamburguesas, ese era otro de los grandes temas que me tenía trabajando a full Dana Rogers, perdón ¡Dana Scott estaba embarazada de trillizos! Diablos, Thomas era experto en embarazos o no sé qué, pero es que mi amiga ahora parecía una pelota caminante, pero se le veía feliz, feliz como una lombriz.
Salimos del local y dejé a mis chicas bellas con Luis y Carlos, porque sí, lo habían vuelto a ser, para dirigirme al departamento compartimos con Tabatha. Hoy sería el gran día o eso pensaba…
Pasé por una florería para comprar un ramo de rosas y luego a la pastelería, ya tenía pensado todo para mí propuesta.
La cara de bobo no me la quitaba nadie, aunque aún tenía ese mal sabor de boca por lo que me dijo la jefa respecto a mi relación con mi mini muñequita de porcelana. Por supuesto que no quería que la nena se aferrara a mí y por eso la solté esa noche, con el dolor de mi corazón al ver como mi mini muñequita de porcelana me estiraba los bracitos, pero yo no era nadie en su vida, por más que me gustara estar con ella. Además, su mamá no era santa de mi devoción, pero ese beso y lo que pasó después aún me tenían mal. Quise enmendarlo yendo a verlas ese día y ofrecer mis disculpas, pero ella, mierda, ella me lo hacía todo difícil. Si hasta me gritó lo del beso forzado.
—Deja ya de pensar estupideces, ellas no pueden ser nada en tu vida, ya te decidiste por Tabatha, ella es la indicada.
Me dije en voz alta, necesitaba darme el empuje para lo que haría hoy. Sí, eso era lo mejor...
Con todo en mis manos me dirigí a mi departamento, no la llamé para hacer que la sorpresa fuera completa y entré al edificio con aires renovados.
—Llegó el momento, Jex…
Abrí la puerta con cuidado para que no me escuchara, entré al departamento y me encontré con una escena digna de una noche de pasión. En el suelo había ropa desperdigada y dos copas de vino a medio tomar.
¿Qué mierda pasa aquí?
Eso fue algo que me quedó claro cuando me aproximé a mi habitación…
—Te dije que todo iría viento en popa, es tan iluso en pensar que estoy enamorada de él, que sé que pronto tendremos la entrada a Scott y asociados sin ningún problema.
—¿Le recalcaste que querías trabajar como asistente judicial?
—Por supuesto, de hecho fue genial que me contara lo de la asistentucha de Thomas y gracias a eso y tu llamada anónima, pronto esa chica será un escollo menos. Es que me dio las pruebas en bandeja, ni yo misma me lo puedo creer.
—Esos documentos fueron una salvación para nuestros planes, yo no pude conseguir nada de esa chica cuando ella creía que la estaba ayudando a sacar sus papeles y por desgracia, esa vieja y su hijito estaban presionando mucho a los jefes en la oficina.
—Tranquilo, amor. Ahora eso es pasado. Pronto tendremos todo lo que estábamos deseando.
—Tu papá estará orgulloso— escucho decir al tipo y ya estoy viendo todo rojo.
—Será genial, verle la cara a los Scott cuando los haya destruido no tendrá precio.
Las palabras que salían desde mi habitación eran claras, ella se había acercado a mí para vengarse de mis jefes, de mi familia y yo el muy imbécil caí como un puberto, pero lo peor fue escuchar que por mi culpa Dani y Sarita estaban en problemas.
Solté las cosas que estaban en mis manos y tomé mi arma, a mí nadie me utiliza...
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