Se descubrió todo.
Continuando con mi incansable trabajo de solucionarle la vida a mi jefecito, heme aquí hoy en los tribunales presentando un habeas corpus en favor de uno de sus clientes, pero por desgracia quién me acompaña es Jex, pues don Luis anda en una misión para don Aston.
La verdad es que desde lo que le escuché hablar el otro día he estado más reticente a hablar con él, sobre todo porque sospecho que fue quién hizo la denuncia en inmigración.
El otro día lo escuché hablar con la jefa de que su novia había estudiado para asistente judicial y quería ver la posibilidad de que le dieran un trabajo. La jefa, olímpicamente, le dijo que no había problema, pero que debía postular como todos y ahí tuve que dejar de escuchar porque mi jefe me llamó, así que no pude seguir con el chisme.
De Aquiles supe que renunció a su trabajo, no me lo contó él, sino que la jefa y eso había sido un balde de agua fría para mí. No le había alcanzado a pasar el dinero que me había pedido para seguir con mis trámites, por suerte y como estaba dudando de todo el mundo no lo volví a llamar más.
En cuanto a mi jefe y su adorada gatita huraña, esos dos eran puro amor y, ahora que había leído su diario, entendía perfectamente el significado de esa palabra.
Esos dos habían pasado por un sinfín de malos entendidos por culpa de la enfermedad de mi jefe, pero como me dijo la señora Dana nunca es tarde para perdonar y darle una oportunidad para redimirse, pues ella también falló al no decirle del mini Tommy, por eso aceptó feliz su matrimonio y formar una vida con él, aprendiendo de sus errores y buscando ser mejor persona para él y su familia.
Salgo de la oficina de partes y me dirijo al auto donde me espera este ser que aun no conozco y menos logro entender.
Está hablando por teléfono y por lo que veo es con su novia, pues al verme cambió la cara como si me odiara. Cuelga su teléfono y me abre la puerta del auto como si le molestara hacerlo.
—¿Ya terminaste?
—Sí.
—¿Volvemos a la oficina?
—Ajá.
—¿Quieres comer algo?
—No.
—¿Quieres salir conmigo?
—Ni en tus sueños.— soltó una risotada que me dejó de una pieza.
—Pensé que no sabías más que decir monosílabos.
—Pues ya ve que no. Es solo que no me interesa hablar con usted.
—Ay y porqué tan quisquillosa, desde cuándo eres tan altanera muñequita.
—Es lo que hay, nomás. Creo que no somos lo suficientemente conocidos para salir y menos tener una cita. Además, tiene novia ¿no?
—Eso no obsta a que tenga amigas, mira como me llevo con Dana y Alma.
—¿Sabe qué?
—Dime sabelotodo.
—Nada, mejor vámonos que necesito avisarle a mi jefe de que todo está listo.
—Eres una amargada.
—Y usted un… Mejor ya vámonos.
Salimos del lugar y llegamos en menos que canta un gallo a la oficina, mi jefe me llamó y estaba muy contento, por fin se le hizo el milagro y ahora era feliz. Me pidió que hiciera algunos cambios en su casa para que su familia pudiera irse con él a vivir y la verdad eso me subió el ánimo, era bueno que estuviera bien, pues eso hacía que mi trabajo fuera más relajado y pudiera terminar mis estudios y estar más tiempo con Sarita.
A media tarde, me llamó Cameron, uno de los mellizos de la jefa, era un encanto de jovencito y un excelso artista. Cuando supe lo que había ganado por uno de sus cuadros en una subasta hace unos meses se me cayó la cara, ese chico había ganado lo que yo ganaría en cinco años trabajando de asistente, pero era tan humilde y amoroso que nadie se enteraría que estaba frente a un gran artista hasta que supiera su nombre. Cameron me contó la idea de cómo haría la habitación del mini Tommy y me encantó así que me puse manos a la obra y busqué entre los contratista más conocidos uno que cumpliera con las especificaciones para los muebles que querían para la habitación de Tommy.
El viernes sería un día genial, pues me había organizado con Cameron para estar temprano trabajando en el penthouse y avisé a la amorosa de Luisa que si alguien me necesitaba me lo hiciera saber ahí.
Comencé mi día como uno cualquiera, nos levantamos tempranito y aproveché de llevar a mi pequeña a la guardería.
Mi pequeñita ya estaba en esa edad que quería descubrir todo y era un sol, tan tranquila y bien portada que todo el mundo la adoraba, se parecía mucho a mí, salvo que su pelito era castaño y tenía los ojos grises como ese desgraciado, pero en lo demás nada que pudiera decir que se pareciera a él.
Llegamos a la guardería y como siempre lo hacía se despidió de mí con su manito alzada y mandándome besitos con amor.
Ya para esa época, don Luis y Robert la conocían y ella les hacía fiesta cada vez que los veía porque ellos la apapachaban con pequeños regalitos y uno que otro dulce. Eso me gustaba mucho y me hacía sentir que no estábamos tan solas en el mundo.
Después de dejar a mi princesita nos dirigimos al edificio de Scott y asociados. Mi jefe me informó que hoy iría a ver a su terapeuta y que aprovecharía de salir en una cita con su esposa, así que teníamos carta blanca para trabajar en su casa. Llegué y me encontré con la tropa de adolescentes que había llamado Cameron para trabajar en la pintura y decoración y entre ellas estaban Mel, su melliza y Hanni su mejor amiga. Unas horas después, llegaron los muebles y ya habíamos terminado de pintar la habitación de Tommy, así que nos pusimos manos a la obra para armarlos y dejsr la habitación lista. Por mi parte, en la noche terminé de coser el trajecito de rey que le había hecho a Barney, me quedó monísimo y los chicos me felicitaron, pues pensaron que era hecho en alguna tienda.
El día pintaba para ser uno genial, pues al rato apareció el jefe con su esposa y quedaron maravillados con lo que habíamos hecho, hasta que uno de los chicos que estaba trabajando nos llamó para avisarnos que alguien me estaba buscando y el corazón se me detuvo por un instante.
—Jefe, por favor no diga que estoy aquí, se lo suplico.— le digo asustada, mi jefe me mira y comprende, por lo que toca mi hombro y nos habla a todos.
—Déjenmelo a mí, pero tendrás que decirme que es lo que pasa López ¿Entendiste?
—Lo prometo jefe.— creo que había llegado el momento de contarles mi verdad a ellos, se lo merecían.
Nos pegamos a la puerta para escuchar y la voz de mi jefe sonaba imponente.
—Buenas tardes, soy Thomas Scott ¿Para qué necesita a mi asistente? ¿No debería haber ido a la oficina que está abajo?
—Nos dijeron que ella se encontraba aquí.
—Aún no me ha dicho su nombre y a qué ha venido, señor. Y perfectamente puedo atenderlo yo, mi asistente tuvo que salir a hacer unas diligencias.
—Soy Andrew Smith del servicio de inmigración y esta es una citación para la señorita Daniela López. Debe presentarse lo más pronto posible en nuestras oficinas y me imagino que usted entiende que si no tiene la documentación necesaria la señorita López será deportada sin derecho a apelación.
Escuchamos el portazo y la señora Dana salió junto a mí del brazo de la habitación con los chicos detrás nuestro.
—¿Qué mierda es todo esto?— para ese momento las lágrimas me habían ganado al ver en las manos de mi jefe el sobre con el logotipo de inmigración, así que me largué a llorar y le dije toda la verdad.
—Lo siento jefe, perdóneme, pero soy una inmigrante ilegal…
—¿Era esto por lo que estabas nerviosa Daniela?
—Lo siento, jefe. De verdad lo siento. La jefa ha tratado de hacer todo lo posible para ayudarme, pero no hemos podido arreglar mi estatus debido a la forma en que entré al país.
—Chiquilla tonta, debiste habérmelo dicho. No te habría desamparado.— en el mar de lágrimas que era, sentí el abrazo de mi jefe, fue tan cálido y desinteresado que exploté y me dejé llevar por la amabilidad que me estaba dando. Era como si mi mamá me estuviera abrazando, para luego sentir que la señora Dana hacía lo mismo que su marido.
—Tranquila Dani. Algo se nos va a ocurrir.
—Por lo pronto nos iremos a casa y tú vas con nosotros, no podemos exponerte y que te encuentren los de migración.
—Pero, pero jefe no puedo. Tengo que…
—¿Qué cosa más nos estás ocultando Daniela? Necesito saber toda la verdad para poder ayudarte, lo entiendes y me lo prometiste ¿no?
—Lo sé, lo sé y lo siento, debí habérselo dicho, qué más da jefe, debo ir a un lugar antes de hacer lo que usted me dice. —si tenía que contar todo, este era el momento, debía presentarles a mi bebita.
—Pues vamos todos— habla Cameron y deja a uno de los chicos a cargo para nosotros salir hacia los estacionamientos.
Le dije a don Luis que nos llevara a la guardería y cuando llegamos me bajé para buscar a mi beba.
Cuando salí del lugar, el jefe y todos los demás, a excepción de don Luis y Robert, abrieron los ojos como platos y sin ninguna vergüenza les presenté a mi beba.
—Les presento a Sara, mi pequeña.
—Recontra mierda Dani, así que ella era la que ocupaba tus días. —afirma más que pregunta mi jefe.
—Sí jefe, mi pequeña lo es todo para mí y no puedo abandonarla.
—¿Ella nació aquí?
—Sí.
—Eso es bastante bueno, venga ya vamos a casa que debemos hablar con la familia.
—Jefe, no quiero ser un problema.
—Si no te callas la boca o mejor dejas de decir estupideces me voy a enojar. Jamás te vamos a dejar sola…
El silencio se instaló en la camioneta, salvo por las risas de mi beba y los mimos que le hacían los chicos, mi jefe iba pensativo y la señora Dana no había soltado mi mano en todo momento. Cuando llegamos a la casa de los jefes, la señora Alma con la jefa me abrazaron y nuevamente me puse a llorar.
La señora Alma me quitó a Sarita de los brazos y mi beba se fue gustosa con ella y se lo agradecí.
Estaba a punto del colapso escuchando como don Adam y don Enzo discutían lo que había sucedido y el jefe se sumaba a la conversación cuando veo que llegan don Ethan, su esposa y otros dos doctores que conozco que son amigos de ellos y también veo a Jex con cara de preocupación.
—Llegamos lo más rápido que pudimos.
—Hanna no pudo venir pues estaba atendiendo un parto.
—Perdóneme todos por hacerlos salir de sus asuntos por mi culpa
—Tranquila Daniela, eso es lo de menos, ahora lo que nos convoca es saber ¿qué haremos?—me dice la jefa.
—Por lo pronto, mañana deberemos ir a ver el expediente de López y ver nuestros contactos en migración. —dice calmando los ánimos mi jefe.
—Eso ya lo había hecho, pero por desgracia Dani hizo más de una cosa mal al ingresar al país, pero lo que no entiendo es cómo se enteraron. Pues para que abrieran el expediente algo debió llegar a sus oídos y ellos han sido un hueso duro de roer.
—¿En qué podemos ayudarte mamá?
—Por lo pronto en mantener a Dani fuera del alcance de inmigración, sé que puede ser un poco arriesgado, pero tendremos que mantenerla escondida hasta que se nos ocurra la forma de sacarla de este problema y no me miren así, se que estamos sobrepasando la ley, pero hasta que no se nos ocurra algo efectivo es lo mejor.
Y ahí estaba yo, en el medio de un tremendo problema escuchando a todo mundo dar soluciones y yo sin saber qué hacer o qué decir.
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