Miro a mi suegro, he intentado que esto no suceda, conseguí que dejase de molestar con un buen soborno, pero el muy cabrón debió gastarlo y al no recibir nada de mi madre, va a destapar todo. —Papá —susurra Lina rogándole con los ojos llorosos, después me mira a mí. Por mi cabeza lo primero que pasa es matarlo, deshacerme de él antes de que cuente la verdad, pero no soy un asesino, y sabía que tarde o temprano, pasaría esto, cojo la mano de mi esposa y la presiono con suavidad, quiero que sepa que sigo aquí, la sigo amando a pesar de todo. —No hija, se acabó, no guardaré más tus trapos sucios, deben saber a quién meten en su familia. —¡Deja de meterte en mi vida!, ¡estaba bien hasta que volviste! —le grita ella llorando. —¿Quién?, ¿Lina, Teresa, Daniela? —pregunta con ironía. —Basta

