Vuelvo a meter los papeles en el sobre muy seria, intento controlar las ganas de gritar, de decir cuatro cosas a los manipuladores Velarde, ¿se creen que pueden jugar así con la vida de la gente?, a la vista está que sí. Salgo enfurecida de la habitación, en un solo instante he olvidado dos días de pasión, de lujuria y sexo, con quien viví eso no existe en realidad, el supuesto Sebastián de Alcocéber no era más que un personaje creado. Vuelvo a la habitación de mi sobrino, Ari sigue aquí, está con Juan en brazos. —Se despertó —me dice. —Perdona por irme así —le digo yo. —No importa, se que Pilar puede ser difícil a veces. —¿¡Difícil!?, ¡esa palabra no describe a esta familia! —suelto sin querer. —¡Cálmate, te van a oír! —me dice bajito. —¡Qué lo hagan!, ¡solo lo sentiría por Manolo

