Sally espero, un día, dos, tres... Pasaron cerca de cuatro o cinco semanas y Caín no volvió. En el transcurso de ése tiempo, quiso buscarlo o llamarlo, pero nunca supo su número o dirección. Todas las noches la comida se enfriaba y ella lloraba, a partir de tercera semana. No puso comida, sí no un gran tazón lleno de cerezas, uvas y zarzamoras. Era lo único que sabía con certeza que le gustaba. Una noche, un joven muy guapo e imponente causó furor en el local, Sally se encontraba en la barra bebiendo como las últimas dos noches anteriores. No podía ver bien, pero aún esperaba a Caín, así que para ella, aún no había bebido lo suficiente. - Buenas noches, señorita. Ella ignoró cualquier voz, pensando que era a otra persona. No tenía ganas de escuchar las bonitas palabras entre ot

