Capítulo 7: ¿Comenzamos?

1202 Palabras
Las clases comenzaron con regularidad, Lissa y Mason llegaron de primeras cuando aún el aula estaba sola, su noche había sido bastante normal, pero pasional al tiempo. Ella se sentía satisfecha al ver la calidad de persona que tenía a su lado. Ellos estaban prestando completa atención a lo que el señor Bakker explicaba, por su parte, Aron no había determinado en ningún momento a Lissa, él ni siquiera la estaba teniendo en cuenta como estudiante, ya que cualquier pregunta que hacía, ella era ignorada en su totalidad. —¿Saldremos hoy? —Mason se acerca y roza sus manos en las piernas de Lissa—. Podríamos repetir lo de anoche luego de la clase —Lissa lo miró, él hacía unos gestos graciosos, intentando ser sensual. —No puedo, me encantaría hacerlo. No obstante, tengo trabajo, hoy debo cubrir un evento importante, así que tampoco sé exactamente a que horas termina —ella le dijo, sonando lo más convincente posible. —Oye, ¿sabes que sería fabuloso? —ella lo mira, le abre sus ojos, esperando que él le diga su gran idea—. Que te parece si te acompaño, no creo que eso vaya a ser un gran problema. Lissa sintió como sus mejillas se pusieron rojas, ella siempre imaginó que eso llegara a suceder, ella sin querer pensó que su tiempo estaba acabando y debía confesar. Ambos giraron su cabeza, cuando escucharon como alguien carraspeo con su garganta, ella vio a su imponente profesor, los estaba observando sin ganas, pero bastante furioso. —Lamento interrumpirlos, pero tengo curiosidad. ¿Qué puede ser tan interesante para que no presten atención? lo que estoy explicando puede que lo vayan a utilizar en algún momento, o eso es lo que creo yo, disculparan mi ignorancia, entiendo que un tema como lo son las enfermedades del corazón no son importantes —él habla con sarcasmo, me ubico en mi silla de una manera correcta y Masón me imita. —Lo sentimos —pronuncie mirándolo fijamente a los ojos. —No, lo siento más yo. Que pena por interrumpir su gratificante platica, quisiera, perdón corrijo… Quisiéramos escuchar eso que es tan importante y que evitó que pudieran escuchar lo que dije —él esboza una sonrisa, Lissa supo que lo hacía para molestarla, era muy obvio. —No fue nada, —él miró a Mason y le pidió que hablara—. No digas nada, no tienes porque hacerlo —le dijo ella a su novio, el cual no pareció intimidarse con la mirada asesina de su profesor. —Lamentamos eso, solo que mi novia es modelo, le estaba pidiendo que me llevara a una de sus sesiones —Mason habla con entusiasmo, mientras que Aron soltó una risa, una gran carcajada haciendo que todos los miraran. —No quiero ofenderlos, no me lo tome a mal. Pero estoy seguro que su trabajo de modelo, no le va a servir de nada en el hospital —él dice, con severidad. Lissa escuchó las risas por partes de algunos de sus compañeros, ella intentó no romper en llanto, la verdad la tenía avergonzada y Aron se estaba aprovechando de eso. —Sin embargo, no les permito que hagan ese tipo de cosas. No pueden burlarse de su compañera de esa forma, los médicos debemos tener ética y valores. Ahora, si ya se acabó la admiración que tiene por su novia, le pido que me deje continuar. —Aron ni siquiera miró a Mason quien se sentía completamente furioso por lo que había escuchado. La clase continuó, Mason le daba sonrisas a su novia, él no quería que los comentarios desagradables de su profesor, la llegaran a afectar de algún modo. Antes de dar por terminada la clase, Aron envió un mensaje al teléfono de Lissa, “La espera un taxi con matrículas terminadas en 54, es un hombre de confianza, por favor procure no demorarse, en el estacionamiento de la universidad la espera, no tarde se lo repito. Procuré que su novio no la acompañe, sería muy vergonzoso para usted, la llevara aquel hombre y usted deberá vestirse y ponerse lo más sensual posible, la estaré esperando en casa de mi padre” Lissa bajó su mirada y leyó de nuevo, él era tan frío y descarado. Mason le dio un beso, haciendo que ella saliera de sus pensamientos. Lissa se sentó en sus piernas, quería que estos últimos minutos a su lado, el día de hoy se aprovechara en su totalidad. —No deberías sentirte mal… —Ella achicó sus ojos. —Yo no me siento mal, por nada. Lo único que me importa es que tu me apoyes —Lissa le dio un beso, uno profundo. —Siempre lo voy a hacer, estaría loco si no lo hiciera. Sé que de pronto no me puedas llevar sin consultarlo con tus jefes, así que voy a esperar que hables con ellos y el día que me lleves, seré tu mayor fan. —Lissa le da un abrazo sincero a Mason—. Aprovecharé para ir a una clase de piano, la están dando en la universidad y muero por aprender cosas nuevas. —Sé que te irá bien, adicional que puedes darme un concierto privado ¿Te parece? —Puede ser, pero el pago debe ser demasiado exhaustivo. —Los dos rieron. Él se pone de pie y ella decide acompañarlo a su pequeño salón de música, Mason siempre ha sido bastante proactivo. Luego de dejarlo allí, salió rumbo al estacionamiento, al estar allí vio el taxi y subió en él. Aquel hombre mayor, lleno de canas ni siquiera la saludo, la condujo directo al apartamento de Aron, al dejarla allí, le dio la llave y le dijo que la esperaría en media hora, ella no le respondió nada, porque él tampoco espero para que pudieran tener una conversación como un par de adultos. Ella subió a ese apartamento, que era más grande que toda su casa, ella miraba con admiración todo el lugar, pero no quería perder tanto tiempo así que inserto la llave y abrió, su boca se abrió al igual que la puerta, «con razón ese hombre se cree tan importante» ella pensó. Las decoraciones eran tan extravagantes como él, con sus colores neutros, el lugar estaba tan limpio que pareciera que él no viviera aquí. Ella dejó las cosas en un enorme sofá y fue hasta una de esas tantas puertas buscando en donde estaba la ropa. Lissa miraba sus zapatos, seguramente ensuciaría todo a su alrededor, decidió ignorarlo y apurarse, no quería que su nuevo jefe dijera cosas sin sentido, abrió la primer puerta que vio, encontrándose allí con Aron semidesnudo, ella sin temor alguno escaneo su cuerpo, le fue inevitable no morder sus labios. Aron tenía una sonrisa cínica, la peor que ella había visto. —Creo que me equivoque de puerta —dijo ella, sintiendo como el calor inundaba su cuerpo. —No lo creo. Más bien pienso que es momento de que comencemos con esto ¿no lo cree? Ella retrocedió, sus pasos eran torpes, en especial porque él la estaba siguiendo. Aron la arrincono y pasó sus dedos por los labios de ella.
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