La noche había caído sobre el cielo de Manizales. Soledad no decía una sola palabra en el camino, tan solo miraba los árboles alrededor de la carretera, suspiraba de vez en cuando, su mente se hallaba inmersa en miles de pensamientos, pero todos se centraban en un mismo punto: La reaparición de Tamara, y lo que ella podía exigir con respecto al bebé. —Ya llegamos —avisó Cris. Soledad miró desde el interior del BMW aquella casa de grandes ventanales, de hermosa iluminación, y arquitectura minimalista. Cris la ayudó a bajar del auto, entonces la puerta principal se abrió. —¡Bienvenidos! —exclamó Majo—, lamento haberlos hecho venir hasta acá, Salvador tenía varios asuntos pendientes. —No te preocupes tía. —Cris se acercó y la abrazó. —Buenas noches —saludó Soledad con timidez, sen

