Señorita Klumps Stefanía — París Compartir con nuevos miembros de una familia que me fue ocultada por mucho tiempo se sentía muy bien. Mi abuelo y Leonard eran hombres increíbles pero François me miraba de otra manera. Reconocía que ya era una mujer y eso empezaba a gustarme. Henry movía mis deseos más oscuros, pero una verdad sublime era que deseaba el calor de un hombre, una noche pasional cargada de deseo, no pequeños instantes en dónde mis dedos llegaban a mi sexo haciéndome explotar y dejarme con una inconformidad de la que era difícil recobrarme. De repente, me invadió un pequeño fragmento de lucidez que no pude dejar pasar. No podía tener esas actitudes frente a mi abuelo y menos cando comenzaba nuestra relación, pero en ocasiones el atractivo de François era mas fuerte y me

