Capítulo III

1615 Palabras
Srta. Klumps Que importante se han convertido los recuerdos. Ellos son aseveran que cada día podemos volver a eso que nos hacía tan felices o tristes. A diario recuerdo a mi madre, un deja Vu me arropa y me la devuelve por segundos. No mentiré, no nada más pienso en ella, últimamente hay un espécimen que me acelera la vida, los momentos y la sangre, pero no puedo dejar de mencionar todo lo mal que me he sentido debido a eso. ¿Es normal que me sienta así por qué alguien me dejó plantada? Me lo pregunté en voz alta. — Si te dejó plantada, es un idiota— decía mi amiga viéndome con extrema relajación. — Igual, no era tan importante — dije. — Debes apurarte, tenemos economía — — ¿Qué te parece si no asistimos? — — Por fin una buena noticia. ¡Vamos a comer! — Cuando salimos, sabía que estaba terrible faltar pero éramos muy buenas así que algo se nos ocurriría. Al llegar a la cafetería estaban otros chicos de la universidad. — ¿Quién te invitó a salir? — — No es importante Leah — — ¿Me dirás en algún momento? — — Si, lo haré — El desayuno fue estupendo y aunque quise saber que sentía Leah con respecto a María Elena, ella no dijo mucho más que eran amigas y se la llevaban muy bien. En esa conversación noté como tristeza pero no profundicé, lo que noté fue un poco de rabia pero lo dejé estar. Al llegar a la biblioteca, Miss Jacke me dio mis tareas y me dispuse a hacerlas. Estuve mucho rato acomodando libros y repisas. — No estoy seguro si un "lo siento" bastará pero de igual forma lo intentaré. Lo siento Srta. Klumps — Este pequeño discurso lo escuché detrás de mi y antes de tan siquiera volver respiré primero y traté de estar lo más indiferente posible — No se preocupe profesor, lo entiendo — dije mirándolo. — No, no lo entiende, estoy seguro de que no— Lo miré fijamente pero cuando me disponía a responder, María Elena nos interrumpió. — Discúlpame Steph, ¿Estoy buscando a Leah? — decía mientras miraba al profesor apenada. — Lo siento profesor Mark, en clase podríamos seguir conversando de ese libro— dije y el asintió disimulando que le encantaba la idea. Tomé mi celular y comencé a llamar a Leah pero no había respuesta. En el proceso miré a la salida y el profesor Mark iba saliendo. Luego de 40 minutos localizamos a Leah y María Elena fue a su alcance. El resto de la tarde, pensé en su rostro perturbado con el que me pedía disculpas. Se le veía muy mal pero traté de que eso no me afectara ni ablandara mi coraza. La semana también fue así, iba constantemente evitando al profesor y ya el semestre iba acabando para cuando me di cuenta. Mi padre tampoco desaprovechaba la oportunidad en cada telefoneo para invitarme a casa y yo extrañaba regresar. Esa tarde cuando llegué a casa, Leah estaba llorando. — Amiga, ¿Qué pasa? — corrí a su encuentro. — Me enamoré de María Elena y no puedo con esto— decía entre sollozos. — ¡Ay no puede ser!— y la abracé. Leah, no es la típica chica a la que encuentras llorando por un amor fallido. Por mucho tiempo tuve que espantarle muchas chicas y ella con dureza, se burlaba de eso. Después de pasar mucho rato abrazándola y consolando a Leah, se me ocurrió algo que ya tenía en mente. — ¿Te gustaría ir a casa de Papá? — pregunté y extrañamente asintió. — Sería sensacional escapar de esto y así ver a... a mi padre — Pusimos el plan en marcha y salimos de nueva York sin decir mucho. Nuestras amigas no sabían y de esa forma le haría mucho bien a Leah pero en el fondo, deseaba escapar de estos sentimientos, pensamientos y emociones que me vuelven loca. Sentía que era mi momento de pensar en mí y en todo esto que venía sintiendo. Era mi escape. Decidimos no usar nuestro teléfono para de esa forma estar más tranquilas. Yo desactivé el mío y me dispuse a disfrutar mi entorno. Leah estaba muy triste pero aún así por momentos sentía que la estaba pasando bien. Ya teníamos tres días en Texas y extrañaba Nueva York. Las primeras noches caía rendida sin aviso, pero el cuarto día estuve sola, ya que Leah fue a visitar a su padre y los pensamientos me ganaron. Imaginaba una y otra vez ese beso con el profesor Mark. Tantas veces fantaseé con la idea de que se prolongara más y que sus manos rodearan mi cintura, jugando con su lengua dentro de mi boca, tocando mis senos y sintiendo como me apretaba contra él. Esos pensamientos calentaron cada rincón de mi cuerpo y sin darme cuenta ya tocaba mi clítoris rápidamente y el sudor me embargó. Llevé dos dedos a mi boca y los mojé con descaro para continuar tocándome frenéticamente. Me sentía enloquecer y cuando ya no podía más, un grito salió de mi liberando todo ese deseo que había aguantado días atrás. El solo hecho de pensar en el profesor, me llenaba de un éxtasis incalculable. Deseaba a ese hombre. Lo deseaba como loca. Los días pasaron un poco rápido y aunque deseaba volver también quería seguir disfrutando de mi padre y su familia. Quedé en pasar por Leah y de allí salir al aeropuerto. En el camino me contó lo genial que veía a su padre y lo que le encantó estar con él. Se veía muy emocionada. El vuelo estuvo genial, algo cansado pero no se puede esperar mucho de los viajes así. Al llegar, nos acomodamos un poco y activé mi teléfono. Tenía muchas llamadas de María Elena y salí un momento para llamarla. Al volver y ver la cara de mi amiga, no pude descifrarla, era un poema de Bécquer. — Acabo de hablar con María Elena — comenté a Leah. — ¿Si? Yo pensaba hablar con ella mañana, me di cuenta que fui un poco dramática— — Está furiosa contigo, a mí ya me disculpó— dije victoriosa saliendo de la habitación. Estas chicas deben arreglar esto, pensé. Ahora bien, he estado asistiendo muy poco a la universidad desde que llegué de Texas debido a que las clases están terminando, pero si he pasado mucho tiempo en la biblioteca lo cual es magnífico. — Stefanía, te dejaré sola por un rato. Si tardo mucho, cierra con tus llaves a las 9, ¿Está bien? — decía Miss Jacke. Asentí gustosamente. Solo estaban dos chicos y ya estaban terminando, así que me fue a arreglar unas cosas por qué sabía que pronto quedaría sola. Minutos después, los chicos salieron agradeciendo que esperase por ellos. Así que, decidí cerrar a los estudiantes y quedarme hasta las 9. En mi bolso normalmente hay un huracán de cosas pero los más importante que son mis audífonos no los encuentro. — Qué placer es verla de nuevo — Me sobresalté al escuchar eso y volteé de inmediato. — ¿Qué rayos sucede con usted? ¿Acaso no respeta la privacidad?— el corazón me latía a mil. — Discúlpeme, no quería asustarla Srta. Klumps, solo deseaba hablar con usted — — Pudo haber entrado como una persona normal, no era necesario todo esto y lograr asustarme— — Tiene razón — y sé quedó callado unos segundos, tenía una actitud más tranquila o eso parecía. — ¿Dónde ha estado? — preguntó. — Eso no es de su incumbencia— — Lo es, he preguntado por usted, la he buscado, hasta he ido a su apartamento, sin ningún éxito. Su amiga Leah me dijo dónde encontrarla— Me asombré un poco pero no le di mucha importancia en ese momento. — ¿Qué es lo que desea?— — A usted — y me miró pero en su mirada no había tanto deseo como otras veces, había ternura y eso me impactó. Se acercó a mí y su rostro lo dejó en mi cuello como diez segundos. Por mi parte, estaba estática sin saber qué hacer. Al separarse y tenerlo frente a mí, tomó mi rostro y me besó. Fui poco a poco envolviéndome en su agarre y sin más, me pegó de un estante mientras nuestros labios se mordían con fervor y alevosía. Estoy empapada, pensé. Los labios me dolían de la presión que ejercíamos en cada beso, pero no eran esos labios precisamente los que deseaba que sintieran presión o dolor, de igual manera disfrutaba a plenitud todo lo que ocurría. Era la primera vez que recorría con mis manos todo el torso de un hombre y este no era cualquiera, él era el único que podía tenerme completamente al nivel más alto. Sabía que la biblioteca no era un lugar adecuado para algo más y a regañadientes me confirmé solo con aquellos besos que enloquecieron cada rincón de mi cuerpo. — ¿Mañana puedo invitarte un café? — preguntó muy cerca de mí todavía. Esperaba que me invitara a su apartamento para follar toda la noche honestamente. — El café tuvo que ser primero que estos... encuentros, ¿No crees? — y reí un poco. El rió muy fuerte y era la primera vez que lo veía nada tenso frente a mi. — Si, tienes razón, pero me gustaría mucho que sucediera y en varias ocasiones Stefanía— Era la primera vez que me tuteaba y se le escuchaba muy sensual. — Esperaré ese café entonces — Continuará...
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