Me armé de valor para volver a entrar a la mansión, la última vez que había estado allí no tenía el mejor recuerdo de mi padre, la frialdad con la cual se había dirigido a mí, el enojo en su mirada mezclado con la decepción, era difícil de olvidar. Me adentré conteniendo la respiración y caminé en dirección al despacho de mi padre cuando escuché pasos detrás de mí. Cuando me di la vuelta lo encontré parado a una distancia prudente, con un vaso en la mano, el poco cabello enmarañado, la camisa saliendo de su pantalón y la corbata un poco torcida. Parecía otro hombre diferente, como si un camión le hubiera pasado por encima y no sabía si debía de sentirme culpable de su estado, porque él era el tipo de hombre que no dejaba que nada le afectara. —Viniste —soltó con una voz temblorosa— Te e

