Han pasado dos semanas desde aquella noche intensa, y Marian y Zuriel no se han escrito ni visto desde entonces. Marian ha atendido a la señora Vilma un par de veces, pero nunca ha mencionado a Zuriel. Aunque él ha rondado en sus pensamientos más de una vez, ella sabe que fue solo una buena noche, nada más. En el apartamento que compartía con sus hermanas, la conversación estaba animada mientras se preparaban para salir. —Mari, ¿qué te vas a poner esta noche? —preguntó Luzmar mientras revisaba su propio vestido frente al espejo—. Alameda tiene unos amigos que dejan mucho que desear, pero no por eso vamos a deslucir. —¿En serio estás mirando a los amigos de tu enamorado? Te pasas —bromeó Marian con una sonrisa. —No es eso. Solo quiero que sepan que estas mujeres están espectaculares y q

