Después de conversar con Giselle, Marian se sentó junto a su amiga y consejera, Luz, para tomar decisiones importantes. —¿Qué piensas tú? ¿A quién deberíamos invitar a esta aventura laboral? —preguntó Marian mientras se recostaba en su silla, visiblemente pensativa. —Mari, para mí Joel, Yanna y Andreina serían perfectos —respondió Luz sin titubear. Luz se refería a sus mejores estilistas, y Andreina, además de ser su comadre, era una de las manicuristas más buscadas de la ciudad. Marian dudaba que Andreina aceptara dejar su consolidada clientela para unirse al nuevo proyecto. —¿Qué, no puedo llevarme a los mejores? ¿O quieres que este salón quiebre? —bromeó Marian, aunque su tono llevaba algo de verdad. Luz la miró con seriedad y propuso: —Llamemos a Marlene. Comentemos el proyecto;

