Abre los ojos como platos cuando se percata de mi presencia, en seguida deja a Bianca en el suelo. —¿Mel? —Pregunta incrédulo. Yo asiento con la cabeza esbozado una sonrisa. Sin vacilar, ambos corremos hasta donde está el otro y nos fundimos en un cálido abrazo. Su perfume con olor cítrico penetró mis fosas nasales como una fragancia placentera, sus brazos eran tan cálidos, abrigadores, los deslizaba por toda mi espalda hasta... Hasta que intenta cruzar la línea hacia el sur del Ecuador. Me aparto en seguida cuando siento una de sus manos llegar casi hasta mi trasero. ¿Qué demonios le pasa? Lo observo con desaprobación. —No tienes idea de cuánto te extrañé. —Me detalla dando una vista de arriba abajo.— Vaya que has cambiado, estás preciosa. Se intenta acercar, sin embargo yo me al

