Pasaron dos meses en tranquilidad. En ese tiempo Amanda empezó a tomar responsabilidades y con su inteligencia inició a llevar las finanzas y casos legales de la empresa. Su esposo le delegó el trabajo, ella hacía la mayor parte desde casa y los lunes y viernes se presentaba en la empresa. Era lunes y ella se encontraba en finanzas organizando y autorizando pagos, cheques y despacho de mercancía, cuando se abrió la puerta de su oficina sin primero tocar. —¡Aquí tenemos a la escuincla babosa que juega a ser la esposa de mi esposo! Amanda desde su escritorio solo observó a esa irreverente mujer. —No hay tal juego. —¡Ah, no! ¿Por qué no proclaman su amor a los vientos como Elliot está acostumbrado? —Una relación es de dos. —¡Escúchame bien estúpida! Aunque pienses que él te ama, te pued

